
Interesante la analogía que hizo “el compañero”, sobre la vida y el yoyo. Sobre todo porque aplicaba el uso cotidiano de la vanguardia y presencia de los conciudadanos que, por fortuna, cohabitan en algún espacio sideral de su imaginación. Podría hacer una introspección con respecto al pato a la naranja o la lechuga remojada en agua, sólo que me he dado cuenta que no puedo. Debería tener una “concentrancia” absoluta. Poner en práctica los estudios que no tengo en, física cuántica, en sociología, paleontología y probablemente arqueología, harían de mí, un hombre utópico. El no lugar, relacionado con el no saber y el no estar y por tanto, el no decir nada. ¡A huevo! ¿Hasta luego?
Insisto: estamos cada vez más inmersos en la mierda. Ya lo dijo el gran compositor y músico Argentino Santos Discépolo, mejor conocido como “Discepolín”: “Que el mundo fue y será una porquería ya lo se en el quinientos seis y en el dos mil también” A pesar de qué las “grandes masas” (llamémosle “Yurua, Chechebruca Maniwa Ae” [investigue, se lo dejo de tarea]) movieron nuevamente sus piezas para reunificar “al mundo” no se ha logrado nada. Hace tiempo, leía en una revista (por desgracia no recuerdo el nombre) donde decía que el ser humano, se conforma con poco. No hay trascendencia debido a su incapacidad o (repito nuevamente la palabrita) su in-voluntad por lograr llegar más allá, de lo más allá. Subir los escalones uno a otro hasta llegar a quién sabe dónde, pero tener en cuenta que subir, implicaría avanzar, y no retroceder. Ya Cortázar nos dejó una cátedra bastante explícita para aquellos que aún no saben como hacerle: “Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).” Porque supongo yo, pueden romperse la madre. Entonces, bien puedo afirmar que nuestro prejuicio moral y social (la coincidencia entre pie y pie, recuérdelo bien), es el que a veces, no nos permite seguir. El miedo principalmente que le tenemos al fracaso.
(La analogía de Cortázar (sí) es interesante. Muchos, como yo, al principio, podría pensar que un texto con demasiadas descripciones no valen la pena debido a la falta de interés, la carga descriptiva es muy amplia y por tanto pierde su ritmo. ¿“Instrucciones para subir una escalera”? Es neta querido Cortázar. Así es hijo mío, es neta. ¡Plap, plap, plap! Subes y subes y subes. A ver, intente ser demasiado descriptivo. ¡Chútese el paquete!)
So ¿qué puede hacer entonces para llegar más allá de lo más allá? Complicarse la vida solamente. Estaría luchando contra un absoluto. Sin embargo, se daría cuenta que, el proceso por el que está pasando, le está ayudando a recomponer o enmendar sus errores pasados. Yo a eso yo le llamo experiencia. Inténtelo y si no puede, inténtelo de nuevo. Hágale caso a Cernuda:
Tu existir es de donde
percibe el pensamiento,
por la arena de mares
amigos,
la eternidad en tiempo.
Autor: Tonacatecuhtli.