No sé por qué, pero nunca me he sentido cómodo, o a mis anchas, cuando se trata de arte. Será porque soy medio imbécil para esto…
Esta vez no fue la excepción:
Fui al Zócalo a la expo de Ashes And Snow, ya que varios amigos me la recomendaron. Así que allá fui a dar.
Soy un pendejo. Pensé que aquí en México teníamos un “Museo Nómada”… Imaginaba que era un edificio en el centro. Cuando llegué al Zócalo, la impresión fue extraordinaria… En verdad es un museo nómada, montado en la explanada, hecho de bambús y cajas metálicas, donde en ellas se transporta él mismo. Está chingonsísimo. Por dentro tiene columnas de bambú enormes, y agua… No mamar. Wow.
Wow.
En cuanto a la exposición… me imagino que el autor gastó miles de rollos de cámara para tener sus tomas finales sepiescas. Es decir, las tomas tuvieron mucha elaboración, pero ya el contenido muestra una sencillez, mezclada con asombro y hasta escepticismo. No sé cómo explicarlo.
La parte central del museo albergaba una pantalla 14:9 con un video increíble y real al mismo tiempo… Por eso hablaba de elaboración… Es decir, ya me imagino las horas para preparar algunas escenas, que duran sólo segundos. En fin…
Llegué al depa y enseguida me puse a buscar más sobre… el museo nómada. La neta, me gustó tanto o tal vez un poquito más que la exposición de Ashes and Snow.
El concepto nómada, desmontable, viajero y errante, me enganchó más que la expo.
…
No tengo remedio.












