
Paso mucho tiempo solo ultimamente, y estar solo hace pensar, pensar puede obligar a recordar momentos de compañía y así, una sucesión (o como chingados se escriba) de pensamientos surtidos.
Cuando siento que no hay orden en mi vida, me aislo de mis amigos; prefiero alienarme y resolver los problemas a solas, como animal enfermo que se va al monte lejos de la manada, a ver si muere, o se alivia para volver.
Qué extraña manera de agradecer su amistad.
Seguramente un mal enfoque que eventualmente también deberé corregir, sin que esta vez lo noten.

No intenté participar en el reto de los besos, se me hizo más fácil quedarme con uno.

Gracias a este trío de grandes amigos, Manuel, Boris y Pirer (de frente hacia atrás) a veces paso las noches Tijuaneneses más surrealistas, convirtiendo lo común y cotidiano en Art l’Absurd: las caguas en champaña, la rockola en concierto exclusivo y donde las cosas serias de la vida pierden carácter para servir de colguijos y serpentinas en la celebración de los momentos en que la vida está destinada a no pesar sobre nuestras espaldas.

En mi vida Tijuanense jamás había tenido la necesidad de tomar colectivos, repito, necesidad, no soy mamón.
Ahora estoy haciendo un trabajo aquí y está algo lejos de mi casa, y tengo que tomar camión, me acuerdo de la Universidad y la preparatoria, seguramente servirá de entrenamiento para mi próxima experiencia en la gran ciudad capital.

Toda la fiesta me la pasé sentado, tomando sin voltear hacia otro lado, preferí no levantarme por tacos de carne asada que olía bien chingón, me limité a ver las buenas nalgas que había en la fiesta sólo cuando pasaban muy cerca de mi línea de visión, ignoré varios chistes que requerían acercarme a escucharlos, todo porque no podía perderme el momento en que alguien tocará levemente la silla de plástico y se cayera al suelo la copa.
Sólo quería ver cómo se quebraba, era todo.
*La descubrieron antes.
Moraleja: Las virtudes, como la paciencia, mal utilizadas, al final dejan mala sensación, igualito que los vicios, aunque estos segundos son más divertidos.

Supongo que el señor vino, puso el letrero y se fue a esconder, para morbosamente, ver cómo las personas, cuando pasan por allí, leen, voltean hacia un lado, hacia otro, y se preguntan, ¿Dónde esta el señor ese para que venga y me lo diga en la cara?

Y yo que me quería tomar dos botes de Valium el fin de semana.

Estoy así de cerca (un “cerca” que no ves, y un “así” que no señalo) de extrañarte mucho.

Encontrar dinero olvidado en la bolsa del pantalón, rascarme los huevos, venirme escandalósamente en la espalda de la nena, tomar café al mediodía (o como chingados se escriba) con los ojos aún cerrados, un exquisito blow job, comer una pizza cuando tengo un chingo de hambre…
… y chingarme una(s) ballena(s) helada(s).