
Puta calor, me cae que es anticonstitucional, ilegal, un insulto, una mala broma, detesto a mis antepasados.
¿Quiénes fueron esos cabrones que decidieron asentarse en esta pinche región?
¿Llegaron en invierno lo vieron muy chido y cuando llegó el verano ya tenían toda el pinche pueblo armado y no había marcha atrás?
¿Ocurrió como en Mexicali?
Su puta madre!
P.S. ¿Quién quiere huevos cocidos?

Yo la neta me le quedo viendo a unas pinches escaleras y me canso; el otro día que andábamos unos cuates y yo visitando las costas del Pacífico a un cabrón se le ocurrió subir un cerro no muy alto para ver al otro lado una pequeña ensenada muy chingona cubierta de rocas y madres de esas que cubren esos lugares culturosos y que inspiran poesía “atardecerística”, con un leve “uuuuuta madre, vamos pues” accedimos a subir esa madre que, a pesar de no medir mas de 150 metros de altura tenía brecha para subir pero hecha por cabras o no se qué pedo.
Todo resultó muy chingón y la vista al llegar al final fue el premio (la neta el premio fue el viento que corría pero tengo que verme con sentimientos pfff) que recibimos.
Hacía un puto calor!!!!

Ya regresé pero allá estuve,
muero de calor y ahora puedo apreciar que en las calles de mi ciudad faltan “coches” y mucha mucha gente.
Ahora andar por la calle se siente como… estar solo, ahora veo al cielo y veo demasiado pero demasiado azul, todo brilla como si estuviera en la tierra del bling-bling.
Tengo que agradecer a esas personas a quienes conocí, unos minutos, unas horas y varias horas, ya saben quienes son y creanme que recuerdo a todos por su buena manera de tratarme, espero haber sido un buen visitante.
Ustedes fueron gigantes anfitriones.
Gracias.

Pense que habia llegado a un “Baby Shower”, pero no.
(No tengo acentos, sorry).

Acá, del lado del pacífico no hace tanto calor, y se siente la brisa de otra manera, tanto como para disfrutar el desierto y no sentirse agobiado por el sol.
A mi me gusta la ciudad, el concreto, las microondas, la electricidad y los refrigeradores con alimento, sólo en épocas como ésta puedo estar un poco más en un medio distante.
Como sea, muy de vacaciones pero estaré en una casa, con supermercado a una cuadra, alberca e internet a otra cuadra y playa chingona a 20 minutos, creo que no se trata de volverme campirano tal vez sea nomás idea de tirar la hueva en otro lugar que no sea mi cuarto, ni el concreto ni el refrigerador que ya conozco.
De cierto tengo…nada.

¡Harto durazno me resultó el supermercado en mi visita matutina!

¿Hoy tiene que ser igual que ayer?
No… hoy no será cerveza.

Siendo el último día para cumplir con el reto impuesto por el cacto infernal llamado Bob, paso y me dispongo a colocar aquí una de las siete fotos que deben componer esta madre.
El punto de reunión de la banda es una agencia de publicidad de un par de amigos, ésta funge como oficina de diseño y publicidad, café internet (privado), congal, burdel, antro y punto genérico de esparcimiento y desahogo, como un Central Perk pero “Professional Edition”.
A quien ven aquí es “Don señor vendedor ambulante”, la foto se la tomé llegando a la agencia, a medio día el pobre camarada le venían sudando hasta las llaves de su casa, lo abordé debajo de una buena sombra de un robusto “Árbol de la India” muy común en la ciudad y le expliqué de qué se trataba el favor que le pedía.
Secándose el sudor de la frente y con una sonrisa de muy buena gana aceptó tomarse la foto.
La foto ahí la ven, lo que no ven (ni verán) son las seis paletas que le compré para los que estábamos en la agencia, Don señor ambulante recibió su respectiva propina por dejarme disponer de su tiempo y sobre todo, por demostrar que siempre queda banda que tiene el buen ánimo de simplemente hacer algo por otra persona por más superfluo que sea, sólo por participar, por hacerlo, por no someterse a la estupidez tan grande del “no eterno” que amarga tanto estos días.
El resto de las fotos están aquí

Nos encontramos con comienzos, nuevos comienzos, a cada rato; y los disfrutamos o sufrimos por igual cuando son voluntarios o por influencia ajena, lo que importa es comenzar, de nuevo.
De vez en cuando perdemos la noción de los días, de lo que escuchamos y vemos pasar por nuestro frente, le llamamos rutina o comfortablemente le llamamos “lo que hacemos”.
Y así la vida, hasta que un día, en un instante, entra nueva música por las ventanas, o tal vez entra muda por tus ojos para sacudirte el cerebro, para hacerte desolvidar.
Cuando la nueva tonada entra, y cuando tarareas otra canción sin darte cuenta, hay que sonreir, abrir los ojos y ver qué es lo que viene ahora.

Hay momentos que todos tenemos en los que hablar es poco; hay instantes que me resultan ridiculamente insuficientes las palabras, las definiciones, los adjetivos y los conceptos; y parece que ni buscando en las mil lenguas encontraré solvencia verbal para explicar lo que puedo sentir, con sólo reflejarme en tus ojos .