
Juro que uno de estos días voy a apachurrar con la Fabi sobre un plato de comida china y… ah chinga, ¿no, verdá?; ese era el post del car wash…
Bueno, la cosa es que por mi casa, de lunes a viernes, se pone un chinito que es de allá del bosque de la china donde la chinita se perdió y como yo andaba perdido nos encontramos los dos; era de nocheeeee… Resulta que el chinio este se pone en un puesto de tacos, pero no vende tacos; vende comida china. Cuesta 35 pesitos el plato con un guisado, verduras y arroz; y lo sirve copeteado, no crean que está raquítico el platillo.
Acostumbro a ir los viernes porque todos los viernes hace pollo al curry con papas y la verdad sabe a toda madre.
Pensé que el güey este tenía una historia interesante qué contar del por qué se había venido a jalar aquí a Monterrey. Pero nel. Sus papás nacieron aquí porque sus abuelos se vinieron de allá y él también nació aquí. Bah, pinche chinillo aburrido. Es más, se llama Rubén. Yo pensé que se iba a llamar acá: Fuh- Man- Chu- Rros de Mois o Chi- Men- Güen- Chon; o, de perdido, Rubén Kawasaki. Pero no, también el apellido se lo cambió, cosa que me hizo pensar que pudo haber sido miembro de la mafia china. Pero tampoco.
Snif. Y yo que pensé que iba a aprender un chorro de la cultura de allá, de su religión, de sus mañas y costumbres, mitos y ritos. Pero no; el chinito resultó ser más mexicano que yo.
Se me hace que este güey es de China; pero China, Nuevo León, el municipio que está a dos horas de mi ciudad.














