Author Archive for Guffo



03
Dic

Oda a los pelacas

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Oh, hermosos años mozos,
cuando mi melena era abundante y robusta
como la de Latin Lover, ese luchador nacayote
que a las viejas cachondas tanto les gusta.

Tenía una tupida cabellera
como la de Poncho Denigris y Lorenzo Lamas,
pero pinche genética:
neta que conmigo sí que te la mamas.

Oh, inocencia greñuda y de coleta rockanrolera,
cuando un artista conceptual wannabe yo era;
cuando todavía no tenía que usar shampoo Cre-C,
sino hasta que se me empezó a desprender el cabello por ahí de los trece.

Oh, bendita juventud,
cuando podía usar peines y cepillos frente al espejo año con año
y, ahora, lo único que hago es espantar el olor a caca de crudo encendiendo cerillos en el baño.

Me recuerdo de pie -imponente- en lo alto de una montaña:
sin camisa, con los brazos bien mamados, el pecho inflamado, arqueando la ceja y el viento fresco de la montaña entre mis crines haciendo una maraña;
pero ahora, con el poco pelo que me queda, el viento ya no puede jugar y se resbalan por mi pelona los piojo y las arañas. Snif.

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Me dicen que ya necesito un corte de cabello pero yo les digo que no necesito ir a cortármelo… que solito se me cae. Es nomás de arrancarme tantito de aquí, un poquito de por acá y listo: 50 pesotes que me ahorro, jojojo.

24
Nov

Guffo Neandertal

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Yo no compro Ipods ni mamadas de esas. El día en que desaparezcan los discos, igual y compraré uno. Me caga andarme creando dependencias y necesidades nuevas y andar cargando aparatejos para todos lados. A veces ni la cámara cargo, por huevón. Eso de no poder vivir sin aparatitos que antes ni ocupábamos, está cabrón. A mí no me gusta. Yo por eso no los compro… ah, y porque son re caros y al rato sacan otro que deja obsoleto al que ya compré y entonces sí me dan ganas de agarrar una metralleta y salir a la calle a disparar a lo pendejo por el coraje. Snif.

Tampoco cambio de celular por más viejo o madreado que esté. El mismo teléfono me dura hasta que me aviento pedo a una alberca con él o se me cae desde alguna terraza en la que me encuentre echando cheve.
Tampoco soy de los que baja tonitos de celular ni le pongo cancioncitas ni frasecitas chuscas; ni le pongo protectores de pantalla ni tomo fotos con él. Si voy a tomar fotos, pues utilizo una cámara fotográfica, ¿no?
No compro celulares con cámaras digitales ni de esos en los que se puede guardar mucha música. Si quiero tomar fotos, pues compro una pinche cámara, como ya dije antes. Si quiero oír música, pues prendo el chingao estéreo. La verdad no entiendo a esos fabricantes de celulares. Al rato vamos a poder cagar en ellos ¿o qué?

¿Tons pa´qué inventan el pinche I pod si el celular trae para oír música? ¿Para qué tanta cámara digital con zoom in, zoom out, zoom zooooom y de más jaladas, si ya todo lo hace el celular?

Yo por eso mejor, a la antigüita. Me siento más libre así.

Y sí: mi cocina está pintada de color verde. Qué horror.

P.D. En la imagen aparezco deseándole las buenas noches a la Fabi con un teléfono que yo mismo construí.

21
Nov

De regreso de la Huasteca

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Esta romántica escena en medio de la selva potosina, durante la llovizna del domingo pasado, sólo puede significar algo en mi corazón; algo de lo que no me había dado cuenta:

Que la Fabi le da los tragos más largos a la cerveza que yo. Snif.

¿Dónde quedó el Guffo caguamero aquel?

El amor, leer tantos libros de Rius, el miedo a no tener un seguro de gastos médicos y tanta propaganda metrosexual me está convirtiendo en otro.

17
Nov

La “C”

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Una anécdota rapidita porque ya estoy dormido…

Me piden mi RFC en la agencia del coche y se lo dicto al güey de la caja:

- C-A-T-G…

- ¿”C” de “casa” o “c” de “sal”? -me pregunta el batito.

Yo sólo pensé: “¿Por qué no está aquí el buen Omegar para que ponga en su lugar a este pobre diablo?”. Pero la vida no puede ser ni tan bella ni tan justa. Snif.

Ya después pensé que hubiera estado con madre responderle: “Pues “c” de pendejo”, y cuando me dijera: “pendejo no lleva “c”, yo le habría respondido: ” Ya “c”, pendejo”; pero pues yo soy todo un caballero hasta en el apellido y el güey era toda una dama porque desde que llegué me trató muy bien y me hacía ojitos pispiretos y traía las uñas pintadas; ahí fue cuando sospeché que el güey era adepto a la iglesia de Boy George.

Además, todos los días se aprende algo nuevo, como por ejemplo, que la palabra “sal” tiene una “c” de “casa” invisible.

Buen fin de semana.

P.D. Chequen cómo va el ecosistema que estoy germinando arriba de mis nalgas; ese materío que estoy cultivando y cuidando con cariño para cuando me quede pélón. Ya está bien crecidito, ¿verdad?

10
Nov

Confesiones de un baño público

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*Léase este post con el rolón de Mijares “Baño de Mujeres*

No, no es cierto; pero si tienen computadora en el baño, léanlo ahí.

-Me dan tristeza los baños de gasolinera. Pobrecitos, snif, nadie los quiere por pinches marranos, asquerosos, apestosos y, aparte, algunos cobran. Son como las prostitutas.

-Me gusta cuando en los baños de los restaurantes hay secador de manos: aaah, se siente bien rico en invierno. De morro me gustaba ponerme abajo de ellos porque en mi casa no me dejaban dormir enfrente del calentador como lo hacía el perro, snif.

-Me caga cuando entras al baño de un cuarto de hotel (que es en los que más comúnmente sucede esto) y, al encender la luz, se enciende también un escandaloso extractor. Uno no evacua a gusto con tanto ruido, chingao. Bueno, al menos yo no. Yo necesito que me canten la rola esa que canta Chabelo en la Escalera Loca: “Sileeencioooo, que están durmieeeendooo, los naaaardos y las azuceeeeenas…”

-Me quedo con la caca a medias- como murciégalo colgado en cueva- cuando alguien se pone a “tirar el risco” en el escusado de a lado en el trabajo.

-Me dejan con la miada a medias cuando alguien se pone a miar a lado mío en cualquier lugar. Hay que dejar -de perdido- un mingitorio de espacio. Tal vez lo mejor sería sacar plática pa´que se relaje el músculo y vuelva la presión a la vejiga. Ese silencio entre dos hombres miando es muy incómodo. Bueno: aunque sacar plática se podría malinterpretar.

-Esos cerdos que embarran mocos en las paredes, ¡no mamen! Ah, y pena de muerte a los que embarren mocos con sangre. ¿Qué tendrán en la cabeza esos güeyes?

-También esos que ponen pelos de riata en el borde del escusado, ¡no mamen!

-Los que dejan los papeles con caca viendo hacia arriba, tampoco la chinguen. Para ver granos de elote, semillas de pepino o ajonjolíes, mejor me voy a un huerto.

-Los que rayan en las paredes está bien, siempre y cuando pongan cosas chistosas y no frases trilladas como: “Si quieres crecer fuerte y sano, trágate lo que tienes en la mano” o “caga a gusto, caga aguado, pero por favor, caga en el escusado” o “puto el que lo lea” o “aquí te vino a cagar tu mamá”. Sean originales por favor, cagones y cagonas, miones y mionas. Así como son tan buenos para evacuar troncos del tamaño de un baobab africano, así espero que tengan una diarrea creativa a la hora de ir al baño.

-Lo único que me molesta de los baños públicos es que no tengan nada para leer, salvo esas pendejadas en la pared.

-No acostumbro a ponerle esos papelitos maricones que sirven para cubrir la taza del escusado. Mejor le doy una buena limpiada con papel antes de sentarme.

-Tampoco puedo sentarme sobre la “U” esa de plástico; el asientito ese que supuestamente tienen que subir los hombres cuando vayan a miar. Yo siempre me siento directo sobre la taza, sobre la “porcelana”. Así de salvaje soy. Así de hombre.

-No hay cosa más despreciable que el papel que se desbarata a la primera pasada por el fundillo.

Buen fin de semana a todos.

Si no han ido a mi blog, los invito; hay mucho qué leer para este fin de semana que no postearé ni madres por huevón.

02
Nov

Taquiza y caguiza en el D.F.

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El señor Diputado y su distinguida señora esposa -o sea, mis jefes- nos llevaron a esta taquería, que más bien era un carrito robado de algún supermercado con unos tambos de plástico de esos para impermeabilizar casas, pero con guisados adentro, y un señor con mucha enjundia, buen sazón y harta imaginación para crear los tacos que vendía. Había de ensalada rusa con croqueta de atún, de milanesa empanizada, de huevo estrellado con frijoles envenenados, entre otras curiosidades.

Nomás pa´que vean la austeridad lopezobradoriana en la que vivimos y viajamos, snif. Eso sí, tragué más que el Chavo del 8 en un bufet de tortas de jamón. Pinches tacos costaban 7 pesos y eran de la tortilla “normal” o estándar, no de las tortillitas diminutas -tamaño pezón- que venden acá en Monterrey.
Pero en la noche… Ay, San Ano tonio de los Anicetos…

Llegamos al hotel y me metí corriendo al baño: fue como cagar un gato encabronado. El fundillo se me volteó como calcetín (volteen un calcetín, imaginando que es un intestino, y verán a los que me refiero). Horas más tarde terminó la tortura en mi ano y la Fabi quería entrar al baño. La verdad, pues me daba pena. Es que la Fabi ha vivido engañada todos estos años que tengo de conocerla: ella cree que yo cago bombones perfumados y meo loción Santos de Cartier; dejarla entrar al cuarto de baño haría que se diera cuenta de la humana y apestosa verdad. Y ni un cerillo traía para disimular el olor.

Total, la dejé entrar y le dije:

- ¿No huele feo, mi vida?

- No, mi cielo… pero, aaah, cómo me arden los ojos… -me dijo.

31
Oct

Mostros de ciudad

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Los monstruos nunca son bonitos, pero tienen su encanto cuando te haces amigo de ellos. Si no me creen, vean la película de Monsters Inc y verán a lo que me refiero.
Neta, no es broma: esa película es la mera neta. Dejen de leer al aburrido de Coelho y vean más películas cursis y mamonas de Disney. A veces tapan el cerebro, pero a veces lo destapan.

Las ciudades crecen de manera voraz y monstruosa, y los humanos se reproducen de manera aún más monstruosa. Si no, pregúntenle a Enrique Iglesias: su papá –Julio Iglesias- es el único humano que usa sweater en la playa. Díganme si eso no es estar malito de la chompa.

Vivimos en una maqueta pinche y arreglada minuciosamente en la que cualquier corazón noble, libre y puro se cagaría en los calcetines al ver esa voracidad manipulada que existe en las grandes sociedades. Por eso: los nobles somos carne de cañón. Somos pendejos, pa´que me entiendan.

He ahí mi aversión por las ciudades grandes, su gente, sus corporaciones y el desorden espiritual y vial que predomina en ellas. Aunque no he de negar que –desgraciadamente- tienen su encanto escondido, las putas desgraciadas. Siento repulsión por ellas porque trato –sin éxito- de mantener vivo ese sentimiento de asombro sin caer en el horror de saber que ya todo está perdido. Porque en una ciudad inmensa, uno se hace pequeño como en la, ay, canción de Lucha de Gigantes…

29
Oct

Llego, y con novedades…

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¡¿Qué quéeeeeeeeeeee?!!!

Esta fue mi reacción cuando al volver de una cortas vacaciones me di cuenta que me quieren sacar a la gaver de este pinche freak show.

Ah chinga chinga -me dije-, y que le hablo ipsofacto a su celular a mi compadre Jorge Kawaghi.

- Qué pedo, pinche chango marango; mándame tu avión privado, ¿no, güey?

- ¡Uh uh uuuh ah ah ah aaaah! –me respondió mi compadre diputado y ex Big Brother en su idioma de mico. O sea: me dijo que sí, que con todo gusto me mandaba su nave.

Y en 5 minutos el Kawavión llegó a recogerme aquí al balcón de mi depa, mandando a la chingada los mecates del tendedero y un jabón Zote que tenía en el tallador de ropa.

Total, llegué al D.F. y fui directito a los headquarters de Big Blogger y pedí hablar con El Árbol, algo así como el Emilio Azcarraga Jean de este negocio. “Dígale que soy Guffo, él sabrá de qué se trata”. Aaaaa laaaa verrrrrrrga, todos los guardias de seguridad se me quedaron viendo temerosos.

Total que sale el Árbol y le digo que no mame, que qué pedo, que cuánto quiere, que si en efectivo o en cheque, que cuánto cuesta cada pinche voto, que cuánto quiere porque mejor saque a otro güey (o güeya) en vez de a mí, que si no quería un besito, que yo pagaba el motel, que si prefería látigo de cuero o esposas de terciopelo, etc, etc.

En fin. No les diré qué pasó porque me sonrojo, snif. Pero el pedo es que voy arriba en las votaciones.
En la foto salimos el Árbol y yo bien contentas paseando por Coyoacan, después de comernos un romántico algodón de azúcar.

24
Oct

Viejos los cerros

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Mañana 25 de octubre cumplo 30 años. Contrario a todas mis predicciones de niño, no soy ese viejo gordo, barbón, casado y con hijos que llega exhausto a su casa por la chinga que se metió en el trabajo para poder darles de tragar de vestir y de estudiar a su familia. Al contrario: soy un jovenzuelo apuesto que no apuesta ni a las canicas.

A mí estas mamadas de cumplir años y cambiar de década y quesque pasar a otra etapa y otro nivel y no sé qué más, se me hacen eso: mamadas. Yo no soy de los que “aaayyy, ya tengo 30 años, no mames, qué ruco estoy, no he hecho nada de mi vida, megasnif”. Pffff, me vale madre. Al contrario: ser joven se me hace que es sinónimo de ser pendejo.

Yo no reflexiono ni analizo sobre mi vida. Me caga. No me pongo a hacer un recuento de lo que he hecho en estos 30 años, de mis éxitos o mis fracasos; tampoco me pongo a pensar si logré lo que quería, si logré mis metas y mis objetivos; no lo hago sencillamente porque no me trazo ni metas ni objetivos. Tampoco reflexiono en cómo me quiero ver en 5 o 10 años. Vivo, respondería si me hicieran esa pregunta: me quiero ver vivo y feliz.

A mis 30 años soy lo que quiero ser y sé bien qué es lo que quiero tener, por eso sigo haciendo lo que me gusta todos los días y tengo una relación estable con la persona que siento es la adecuada para mí en todos los aspectos y me llena. Y sí, la vida da muchas vueltas y bla bla bla, y ahorita estamos aquí y luego estamos allá; pero pues lo que importa es el hoy. Apuesto a que toda esa gente que dice que vive el presente y que hay que vivir la vida al máximo son los que menos la viven así.
Uy, y no es que yo sea adrenalina pura o un vividor de vidas al extremo y de esos que viven al máximo como si fuera el último día. No, nada de eso; simplemente creo vivir la vida al máximo porque disfruto el presente haciendo lo que hago. Vaya: trato de ser coherente con lo que pienso, siento y actúo.

Lo único que puedo reflexionar, y que es lo que quiero dejarles como el aprendizaje de estas tres décadas de vida, es que: Si yo fuera un frente frío; haría un frío de la chingada.

La sabiduría que me han dejado los años. Snif.

19
Oct

Feria del Libro

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Hoy presento Chistes Alowey -edición limitada- en la Feria del Libro de Monterrey. Son 100 ejemplares de 24 páginas a todo color con mis peores tiras cómicas; con prólogo del Caballo Negro y conclusión de Kabeza. Si pueden ir, ahí los veo. Si no, hacen bien: en esos eventos hay puro pinche culturoso y freaks, snif.
Como mi religión me impide muchas cosas, entre ellas, lucrar con el poco talento que tengo, regalaré los libritos a la raza que vaya; ya diosito me lo pagará allá en el cielo dándome la nube más acolchonada que tenga pa´dormir y cuchiplanchar a gusto.
Saludos a todos.




Octubre 2008
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Quien es Guffo

Caricaturista de tercera, fotógrafo de quinta, pintor de brocha gorda, escritor de pacotilla y amante de primera... o eso creo yo, snif.

Liga a su blog o bien, puedes visitar el album de Guffo

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