
Ya había amenazado que me iba a ir de viaje, y cumplí. No fui muy lejos, pero fue sustanciosa la salida.
El viernes tomé rumbo a Aguascalientes, ahí pasé todo el día visitando centros comerciales y a la familia que tengo allá, ah claro, y comiendo recalentado navideño con cuanta tía se dejara. Soy, como diría Ake, un Xmas Pig. Y tampoco tengo madre, pero bueno, ese es otro asunto.
El sábado en la tarde, así espontáneamente, me aventé a Guanajuato, ciudad para mi aun inexplorada y que significaba un verdadero reto a mi imaginación, la gente me había comentado que es una ciudad hermosísima, y quiero decirles que se equivocan, es una ciudad que rebasa a la imaginación de tan bella que está.
Claro, no todo era miel sobre hojuelas. Cuando llegué no había ni una sola habitación de hotel desocupada en toda la ciudad, di como veinte mil vueltas a ella, hasta que decidí lanzarme para Silao, a unos 20 km de ahí, en donde si encontré hotal: a la orilla de la autopista, a 500 metros de las vías del tren que surte a la planta de General Motors y a 5 kilómetros del aeropuerto internacional de Guanajuato. Ya se han de imaginar el ruidazo.
Igual no me agüité, hoy domingo me desperté temprano, me fui a desayunar a un bonito restaurante en Silao, y me dediqué a turistear de tiempo completo en la hermosa ciudad. Visité el Teatro Juárez, el Templo de la Compañía, la Basílica, el Callejón del Beso (es un estafa), Presidencia Municipal, el Mercado Hidalgo, el Museo de Don Quijote, entre otro montón de cosas mas que ya con tiempo reseñaré en La Choza Chueca.
Por lo pronto, los dejo con esta foto que me tomé en otro edificio, además de imponente y bello, importante a nivel educativo y cultural: el Auditorio Central de la Universidad de Guanajuato.