Si, si me duele. No, no puedo dejar de hacerlo. Mi padre dice que un día de estos voy a acabar como la Venus de Milo (yo sólo espero que si es así, no me salgan tremendas bubis).
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Autodestrucción
las cosas del tocador
Uno llega a conocer a las personas por las cosas que hay en su tocador. Sus fobias, sus filias, sus nostalgias, sus días. El mío es muy elocuente, creo, sobretodo cuando está desordenado, pues además habla de mi estado de ánimo.
Ahí se alcanzan a ver montones de copias y un libro (”Teoría sociológica clásica” de Ritzer), mis efectos de uso personal, una botella de Cuervo a la que, de vez en vez, le doy un trago por mera cuestión sentimental, el iPod, mis lentes y unos jabones con forma de personajes de Star Wars como reminiscencias del pasado adolescente.
En el espejo se ven colgando los gaffetes de los eventos a los que he asistido desde que entré a la carrera, un M&M, Patricio Estrella, una bolsita del mandado…y adentro, mi reflejo cansado. Hoy debí de haber puesto orden en ese cuchitril (mamá dixit), pero ni tiempo ni ganas de hacerlo. Me gusta ver como el polvo se acumula, aunque me haga daño por aquello de las alergias.
Hoy debi de haber puesto orden en muchas cosas, pero ni la voz ni la manos ni nada me dieron para tanto. Me dediqué a verme en el espejo, tratando de no pensar mucho y de no hacer eco con la voz.
Recuerdos de juventud
Hace casi cuatro años empezó este desmadrito llamado Big Blogger, producto de las mentes ociosas de un colectivo del que ya poco queda.
Hace casi cuatro años yo tenía 17 años.
TT ha traído hasta el presente los archivos de esas eras ya olvidadas por la blogocosa mexicana: la panza de Axel, los bailes de Fab, los tacones de Du, las greñas de TT…mi falta de barba y mi cara de niño.
“Veeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerga” fue lo único que pude decir al respecto.
(Léase este post con música de fondo “Mi vieja mula ya no es lo que era…”)
Sincera evocación

Y entonces, ¡el pulpo gigante salta y devora a Jimmy!
(…)
XD
Ay San Valentín..
En el nombre de San Valentín se han cometido muchos crímenes. Este carro es uno contra el buen gusto y la ecología, en específico.
Un post it más y se empezaría a ver ridículo, ¡ja!
Soy fan de los atardeceres y sus cielos rojos. No puedo evitar tomarle una foto al cielo en ese estado, aunque todas, absolutamente todas, se vean iguales, salvo pequeños detalles que tienen que ver con el inmobiliario urbano.
La foto que ilustra este post la tomé ayer afuera de una bodega de motocicletas Kawasaki. El local es muy grande y está resguardado por Heróicos elementos de alguna compañía de seguridad privada. No es algo que suela interesarme mucho saber, pero bueno, cobra relevancia ant lo sucedido precisamente por culpa de esta foto. El proceso para tomarla fue muy ortodoxo, supongo: voy caminando, veo el cielo, me detengo abruptamente, saco la cámara, tomo la foto, tomo otra, sigo mi rumbo.
En eso, dos despavoridos guardias de seguridad privada, echando mano de sus radios y con una mano en el tolete, salen corriendo a mi encuentro. Uno ya se veía mayor, el otro demasiado joven.
-¿Qué se le ofrece joven, en qué le ayudamos?, dijo el mayor, gritando prepotentemente.
-Estoy-tomando-fotos-del-cielo, ¿quiere ver? le contesté con la quijada casi trabada.
-Ah bueno, uste’ disculpe.
Chingas a toda tu madre, pensé yo.
Tuve un impulso, como ya lo he tenido en otras ocasiones que me ha sucedido lo mismo (como cuando me golpeó la policia o como cuando un cajerito del Oxxo me la hizo de tos por, precisamente, traer la cámara en la mano) de borrar la foto y, la verdad, azotar la cámara. Me caga, en verdad me caga que la gente asuma estas actitudes persecutorias. ¿Y si le hubiera dicho al guardia que tomaba fotos a la bodega para hacer un plan macabro y vaciarla al anochecer con un comando de chimpacés-ninjas? ¿Me hubiera golpeado? ¿Arrestado? ¿”Remitido a las autoridades”?
Pero no borré nada, ni azote nada, sería darles demasiada importancia.
Bleh, al carajo. Esto solo pasa en ciudades tan surreales como la mía.
(i)Logística
Siempre digo lo mismo, que no vuelvo a trabajar organizando eventos ni nada…pero diario caigo, diario.
Secretamente disfruto el maravilloso estrés de estar teniendo que resolver asuntos en muchos lugares a la vez. Es gratificante. Es un trabajo que en verdad adoro hacer, sobretodo por el gusto que da, después de la friega, llegar en la noche a sentarse, quitarse los zapatos y decir “aaaaaaaaah un día menos”.
Pequeños y últimos placeres.
El don de la obicuidad
Llevo algo así como dos años y medio practicando el don de la obicuidad, ese de estar en muchos lados (sino es que en todos) a la vez. Nunca me sale por que diario ando llegando tarde hasta a mi vida, pero bueno, me divierto.
Últimamente el trabajo en la oficina se ha vuelto medio pasmoso. Ya no me pagan (ahora se llama eufemísticamente “servicio social”) y me la he pasado fotocopiando documentos como si no hubiera un mañana…benditas auditorías y reportes anuales de trabajo. La actividad, sin embargo, me ha parecido hasta cierto punto gratificante, por extraño que pueda parecer, pues me permite sentarme pachangueramente en mi silla y ver como los demás se enfrentan a los auditories externos mientras yo tengo la mente en las Bahamas, en una cerveza, en el próximo post, en una cuarto de libra con queso y tocino, en mi tesis, en mi novia, en que tengo que sacar mi licencia y así un largo etcétera.
Esa obicuidad me gusta más, la del pensamiento.
En fin, vámonos que en esta oficina asustan.
tototototototo

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=D
Afectuoso saludo
Quiero dedicarle este post y esta foto a todas las tropas de la coalición estacionadas en Irak que siguen con emoción este blog. ¡Buena suerte, muchachos!
(…)
¿?





