
Tonight I’m taking out the bling and I’m dressed to impress
En la foto ya andaba toda mal.
Pues hace una semana organicé una fiesta. La verdad moría de miedo, pensé que sólo me quedaría con una botella de vodka en la sala de mi casa, que justamente fue así como terminó todo jajajaja. La verdad es que estuvo buenona, dicen. Hubo música, karaoke, fondue de chocolate y esas cosas que hacen de una fiesta algo glamoroso. Algunos fueron disfrazados, lo cual agradezco (aunque, no es nada nuevo andar con una peluca y un vestido cursilón exagerado). No sé si hubo peleas de gallos. Perdón a la gente que no fue avisada, pero han de saber que ante el nerviosismo y adolescencia que me caracterizan (eh… es un juego de clichés… en serio… no se enojen adolescentes de verdad!), todo lo organicé una semana antes. Y salió bien! Así pues, soy la prueba fehaciente de que las cosas que se hacen con esfuerzo, valen para tres madres :D
Y como diría Justice (feat. Uffie)!
Let’s get this party started right
Let’s get drunk and freaky fly
You with me, so it’s alright
We gonna stay up the whole night
Let’s get this party started right
Let’s get drunk and freaky fly-ey-ey-ey-ey-ey-ey-ey-eyyy
:D

Pues ahí tienes, ¿No? Que desde hace unas tres semanas ya comenzaron las clases -para algunos una semana más, menos, qué más da- y básicamente todo es terror y paranoia. ¿Te das cuenta? Es hora de que pienses en tu tesis, en lo que quieres hacer, en qué trabajar o cómo vas a seguir. Es de terror, porque lo único que quieres es rockear y disfrutar un poco más las vida. Me gustaría trabajar, claro, pero al parecer estamos más familiarizados con la palabra “esclavizar”. Lo cual, también está de miedo, dicho sea de paso. Quien sabe, tal vez un día de estos tenga mi propio jardín lleno de girasoles y me vendrán a buscar para encontrar recuerdos perdidos*.
EN FIN, decía, todos preferimos seguir rockeando. Ir a fiestas, leer un buen libro, inhalar algunas líneas**. Creo que el equilibrio es lo más difícil de encontrar. Como pueden ver, crecer sucks. Por otra parte, muy diferente, lo que hay en el cuaderno es nada más y nada menos que gis. Un día aplicaré darle una bolsita llena de gis a un incauto, para reirme, en lo que él está en su viaje. Bromas adolescentes de secundaria, rulz.
Y qué creen, cambié de máquina celular. No se compren la palm, le fallan las bocinas :( (sin embargo, mi nuevo teléfono es bien mamón! Escribe güevón y no huevón.)
*Quien sepa a qué película hago referencia, se gana un beso tronado… virtual.
** Relax, no digo que así sean todos los que rockean. Lighten up, dude.

Se me hacen eternas las vacaciones de junio-julio. Y como que siempre traen una especie de racha maléfica que todo lo malo, aburrido y desesperante me pasa durante esta época del año. What’s wrong with you, people? Me calan las vacaciones. Ja, lo sé, podría hacer algo productivo, pero hey, soy mujer y mi trabajo es quejarme de todas las cosas y verme ridícula por eso. Así es esto. También estoy destinada a chocar todo coche que tenga a la mano, no bañarme los domingos y reclamar cosas que estén totalmente fuera del tema. Yeah!
Sin embargo, estas vacaciones adquirí una palm centro. Es genial; es pequeña, brilla y funcional, se adapta a las cosas que hago y a las que algún día haré (como organizarme y todo eso). Alguna vez leí que para salir de las depresiones, también hay un mecanismo de defensa que es el comprar. Lo creo, oh sí, pero lo malo es que luego faltan los recursos :P
En la foto, fue la primera que tomé con la mencionada palm. Como ven, mi ocio puede llegar a cosas realmente absurdas.
Siempre les hablo de cosas tristes! Qué pasa?
Ahm…
¿Ya Vieron el clima? Está bien loco.
Ash, es que soy mujer y no he superado la adolescencia.
jijiji.

Esa foto creo que ya tiene como dos años o algo así. No recuerdo. Lo que sí recuerdo es que ese día estaba high. Es raro, como que jamás me ha llamado la atención el uso de estupefacientes (de hecho solo marihuana y medicinas, jaja), por eso limito el uso y hasta como que sale mejor, porque la intensidad siempre varía y como que no me hago inmune a ciertos efectos dubi dubi. Y es mejor cuando estás relajado, como que en conciertos se me hace mucha actividad, mucho desastre. Soy de esas pachecas tranquilas sin la necesidad de ir a abrazar un árbol.
Ese día, el de la foto, recuerdo que un amigo estaba poniendo música con un ipod y puso a The cure, luego Ladytron y después José José, coronándolo como el peor Dj del mundo en pacheco mood. Hace unas semanas, otro amigo puso Martin de Soft Cell y estuvo como divertido, de no ser porque en el aftertaste me daban taquicardias un poco molestas, pero nada que con una siesta no se solucionara. Lo mejor también son los panquecitos. Ooooh yeah. Lo comes, te vas ahí a existir a otro lado y después el efecto va llegando hasta que te quedas viendo las nubes (o el white noise de la tele) como por dos horas. Rock. En fin, en la foto salgo triunfal, me tardé una hora en decir “Me siento en la zona, como dijo Clarissa”. Pero lo hice.
En fin. ¿Quién invita los panquecitos? :P

¿Quihubo? Pues que ya terminó el semestre. Realmente esa etapa estudiantil llamada “Fin de semestre” es de lo peorcito que hay en la vida estudiantil. Entrega de trabajos atrasados, discursos finales, pasar a leer los ensayos y ver cuál es el peor de todos. En fin, todas esas cosas que al final… pues vienen valiendo para puritita la madre. Ya tengo que ver lo de mi servicio social, mierda. Qué jodidez, verdá de Dios. En fin, lo que importa es que mis ensayos no fueron los peores de la clase. Soy Elsa, la mujer de la eterna calificación que no pasa del average. Siempre 8, décimas más, décimas menos. Me gustaría prometer a Dios, a la vida y a ustedes que subiré ese promedio, pero la verdad es que seré la mujer de la eterna calificación average, pero no soy la mujer que se esmera en sus tareas 3 meses antes de entregarlas. No es parte de mi naturaleza, como tomar agua a las 3:00 am o fingir que presto atención cuando alguien me dice algo importante. Esa es mi verdadera naturaleza. Hum. Por otra parte, ahora tengo mucho tiempo qué perder y empezaré un proyecto del cual luego les hablaré. Está medio gazpacho, pero será interesante.
En la foto: Berkeley, otra de las tareas que jamás entregué.
Así que! Calentamiento Global… Qué dura es la vida.

Esta soy yo, hace muuuuchos ayeres. No sé por qué salgo enojada, pero en las fotos donde salgo sonriendo, estoy en pijamas o algo así, entonces lo mejor es mostrar mi foto de gitana. Fue en un festival de la primaria, en la menos tres veces honorable primaria José Amador García, cuando aún vivía en izatapalapunk. Tenía una como mariposita, pero esa sigue en el limbo de las fotos.
Como se pueden dar cuenta, la jotería es desde niña. Creo que nunca me disfracé de abejita, pero, nunca es tarde ;) PERO ANTES! Debo ir a una fiesta disfrazada de David Bowie. HE DICHO!
Feliz día chiquitines, inviten las margaritaaaas!

Ya tiene rato, creo que hace un año, que tomé esta foto. Muchas cosas han cambiado, como que la mochila azul fosforescente que tenía murió porque se le rompió el cierre y vomitó todas mis cosas en la calle. La camisa roja también se rompió porque al pasar por una puerta un clavito atravesó mi camino y sólo escuche el GJJJJJJJRT De la camisa al romperse de la manga (¿Es esa la onomatopeya correcta para indicar que una prenda se rompió?). Ya no voy en ese salón, sino que voy en el contiguo, pero eso no importa mucho en una escuela con salones genéricos jaja. Algo que no ha cambiado es que sigo siendo fans irremediable de esa peluca. Aún no compro la mía, pero no tardo. Es que ando viendo la indicada. Comprar una peluca es como el ritual de comprarse el vestido de bodas: un ritual que implica tiempo, paciencia y buen gusto. Pero, a diferencia del vestido de bodas, la peluca no nos traerá llanto si nos llegamos a divorciar… pero, eso sí, qué raro sería ver al marido con la peluca puesta… al mismo tiempo que con el vestido de bodas.
Nah, miento, a mi me daría mucha risa jaja.

Me encanta salir a pasear, es uno de los mejores y tantos placeres que he descubierto en mi jodida corta vida. Nada como recorrer muchos lugares, ya sea caminando o junto a la ventanilla de un metrobús. Qué mejor si es con música. Mi transporte favorito para pasear es el metrobús, nada como el paisaje urbano de insurgentes para escuchar música, leer un poco o simplemente contemplar. Una cosa esplendorosa. Por otro lado, el metro se me hace algo más melancólico, no sé por qué. Deben ser las ratas de 50 kilos o las cucarachas asquerosas que pululan por ahí. O la gente, también pulula. La gente suele ser más molesta y violenta en el metro, a mi parecer. Pero la simple imagen de un metrobús semi vacío, sentarse junto a la ventanilla, ponerle play al music dealer de preferencia y recorrer desde un polo en dirección al opuesto (Yo soy, tan sólo uno de los dos polos; de esta historia, la mitad), es genial. De ser realidad todos los días y a todas horas, sería poesía.

Les presento a mis hijos. EL primero se llama Freud (creo que todos sabemos por qué…tienen las mismas facciones!), el otro tenía un letrerito pero lo tuve que quitar y ahora es el Sin-nombre. Viven en el filo de mi ventana. La verdad es que me gusta tener este tipo de vida (terráquea) en mi cuarto; son fieles, bonitos y como que dan un toque feliz al cuarto. Mi primer cactus murió trágicamente: se tiró por la ventana y no sobrevivió la ambulancia (jícara con agua), en lo que le compraba una maceta decente. Estos ya tienen buenos años aquí conmigo. Pero, decía, el toque que suelen dar los cactus a los cuartos rulea de manera severa. Alguna vez escuché a un amigo decir que es mejor un cactus que un ficus, árbol representativo del espíritu oficinista. Y le creo, en mi trabajo como oficinista en la universidad, mis únicos amiguitos eran un garrafon que hablaba esporádicamente, una cafetera triste… y un ficus. Snif. Hablando de oficinas, hace tiempo platicaba con mi hermano de que el ambiente en estas suele ser muy violento y es lo que provoca la decadencia en la vida de los que han (hemos) llegado a trabajar en una (bueno, vamos, hablo de una oficina cliché: un cubículo, un amigo que se apellide Benavides, una computadora y 18 horas… Brbrbrbr me acuerdo y lloro). Ese ambiente es algo demasiado brusco, tomando en cuenta que llegan los términos de rutina, debilitamiento y la pérdida de cierto sentido humano. Mi hermano, que más bien parece que trabajaba (renunció!) en un sistema feudal, proponía una especie de oficina al aire libre, pero eso sería como video de Blind Melon o algo así, ja. Yo no sé qué proponer, pero mi acercamiento al área laboral empieza a preocuparme. Almas libres, caed.

Yo era una persona muy rara. Es decir, sí, lo sigo siendo y también soy extrovertida y desinhibida, pero antes era una persona rara en el sentido de que, en cualquier momento, tendía a deprimirme bien azotado o a pensar que nada tenía sentido. Pero recio, terrible. Actualmente también me da por pensar eso, pero mejor lo hago cuando no estoy haciendo nada o para tener una razón rápida para no hacer algo (véase: procrastinar). Sí. Hace tiempo, en medio de una depresión, decidí hacerme un fleco guapetón, que duró buen rato, como un año. Los que le conocieron, siempre me decían que se me veía muy coqueto pero que no era lo mío (whatever-it-means que algo sea tuyo). Tiempo después, cuando Elsa conoció lo que es la nostalgia y el sabor de la herida, se dijo que necesitaba algo más acá, fuerte… y como el trago de tequila a las 7 de la mañana, decidí, con el pelo llegándome *casi* a la cintura, pintar la mitad de color rojo, rojo vivo. Recuerdo que al llegar a mi casa me sentía muy feliz y peinarme era de lo mejor. Ese color me recordaba algo que no sabía cómo explicar y en el concierto de The Cure fue un rojo sangre que amé con locura, al igual que el concierto (fue en mi cumpleaños, vean nada más). Tiempo después, cuando Elsa probó el sabor de la insuficiencia y el azote, decidió cortar esa mitad de pelo, bastante dañada por los químicos que le llegó a poner.
Ahora, sin tener una razón de depresión ni un motivo de lloriqueo adolescente, decidí cortarlo al grito de “no sé cómo lo quiero, señora, pero sólo córtelo”. La señora, obediente, cortó y cortó hasta tener el resultado que ustedes ven. Me gustó, aunque la señora, al parecer, era la que quería desahogarse… y a tijerazos lo logró. Eh, me agrada que la gente sea delicada cuando tiene navajas u objetos punzocortantes mientras tienen mi cabeza entre sus manos. Por eso voy con jotos. En fin, jamás voy a entender ese efecto que me proporciona el cortarme el pelo a su debido tiempo, porque he de decir que no sentí la misma alegría al ver mi pelo ese día, que cuando lo hice en medio de mis depresiones adolescentes maricas. Cuestión de cambios en buena hora, dirían por ahí. Al menos me sale más barato que el prozac…
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