Hablando de mi locura, creo que no tengo remedio, y no por mí, sino porque todos somos locos… Y no hablo de locura refiriéndome a esos demonios que nos acosan a cada momento y que gracias a ellos la psicología es tan redituable ahora… Sino de la locura aplicada a romper las barreras establecidas por las prácticas comunes de la sociedad.
Es decir… si tus amigos te dicen loco (digamos, por llegar a las 6:30 a.m. a la Villa Familiar para que la cantidad de coches que circulan sea casi nula, o por escribir estas cosas en un lugar público), ya tienes la etiqueta… LOCO.
Y si eres oficialmente loco, habrá tolerancia cuando hagas una cosa fuera de lo normal. Por eso lo prefiero.
Aunque… a decir verdad… hoy me sentí con un leve deseo de volverme cuerdo.







