Anhelaba con todas mis ganas ser libre, disfrutar del paisaje desde el piso que rentaría en el edificio más alto de la ciudad. Una de nuestras pasiones era imaginarnos grandes, volando alto y sabiendo que el suelo estaría ahí esperándonos, fiel a la tradición cíclica, llegando lejos y dejándonos caer hasta casi tocar fondo, planeándolo todo, tirados en el Jardín de la casa de tu abuelo, remando en Chapultepec, caminando en Reforma, fumando del mismo cigarro en Polanco, riéndonos a carcajadas de los pinches chistes del Santos, y derepente me solté, te aburriste de mí, te dejé tirado a un lado de la habitación fuera de nuestro propio territorio, así te fuiste hermano, sangre mía, esperé que regresaras de la misma manera en la que un día nos vimos victoriosos en el mismo primer lugar, lleno de luz y razón, y esperé de la peor manera, sin mover un solo dedo.
Y regresaste, de la peor manera, lastimado, herido, con las alas rotas y las esperanzas derretidas como chocolate en coche negro en día de sol. Y te encontré de nuevo, hermano, sangre mía, para devolverte lo que te quitó mi ego y estas vendas en los ojos.







oh terrible destino de la paleta payaso. Sonriente, ingenua; sin saber lo que le espera. El derretimiento lento por demasiado tiempo expuesta al sol… habra que pensar en aquello que mantiene las alas rotas y te mantiene con el traje de abatido, saludos.