La verdad, todos ustedes deberían invitarme unos buenos tragos hasta ver como me pongo borracho. Soy bien simpático y, ante todo, formal. Hablo todo por ningún lado, bailo y, lo mejor de todo, soy bien quietecito y no hago desmanes.
Para ilustrarlos, esta foto es del viernes pasado encontrándome ya en estado inconveniente. Supuestamente “andaba de antro”. La expresión por sí sola es sospechosa, pero en esas andaba en contra de mi voluntad (más que nada porque detesto ir a antros). Descontando ese hecho, la whiskiza se armó y no me quedó de otra más que actuar en consecuencia. La cosa se puso de tal modo que, señoras y señores, me puse un borracherón de aquellos que difícilmente se olvidan (o recuerdan, ¿quien sabe?).
Y como parte de una costumbre un tanto extraña, cuando llego a ese punto me tomo una foto en esos frecuentes ataques de risa que me dan (que aunque frecuentes, son limitados). Digamos que es como una colección personal de recuerdos etílicos que aunque no son muchos, son harto significativos. Acto seguido me vuelvo a poner todo serio, platico, medio bailo (por que sobrio no bailo ni a rayadas de madre) y disfruto la noche, la mayor parte en silencio, sólo observando y sonriendo.
¿Ven? Les convengo. Espero en los comments invitaciones. Me gusta el whisky, la cerveza y el vodka.






