Ya tiene rato, creo que hace un año, que tomé esta foto. Muchas cosas han cambiado, como que la mochila azul fosforescente que tenía murió porque se le rompió el cierre y vomitó todas mis cosas en la calle. La camisa roja también se rompió porque al pasar por una puerta un clavito atravesó mi camino y sólo escuche el GJJJJJJJRT De la camisa al romperse de la manga (¿Es esa la onomatopeya correcta para indicar que una prenda se rompió?). Ya no voy en ese salón, sino que voy en el contiguo, pero eso no importa mucho en una escuela con salones genéricos jaja. Algo que no ha cambiado es que sigo siendo fans irremediable de esa peluca. Aún no compro la mía, pero no tardo. Es que ando viendo la indicada. Comprar una peluca es como el ritual de comprarse el vestido de bodas: un ritual que implica tiempo, paciencia y buen gusto. Pero, a diferencia del vestido de bodas, la peluca no nos traerá llanto si nos llegamos a divorciar… pero, eso sí, qué raro sería ver al marido con la peluca puesta… al mismo tiempo que con el vestido de bodas.
Nah, miento, a mi me daría mucha risa jaja.



(Sin calificaciones)





La peluca rulz banda!!!
yo tambien quiero una peluca!