
Me encanta salir a pasear, es uno de los mejores y tantos placeres que he descubierto en mi jodida corta vida. Nada como recorrer muchos lugares, ya sea caminando o junto a la ventanilla de un metrobús. Qué mejor si es con música. Mi transporte favorito para pasear es el metrobús, nada como el paisaje urbano de insurgentes para escuchar música, leer un poco o simplemente contemplar. Una cosa esplendorosa. Por otro lado, el metro se me hace algo más melancólico, no sé por qué. Deben ser las ratas de 50 kilos o las cucarachas asquerosas que pululan por ahí. O la gente, también pulula. La gente suele ser más molesta y violenta en el metro, a mi parecer. Pero la simple imagen de un metrobús semi vacío, sentarse junto a la ventanilla, ponerle play al music dealer de preferencia y recorrer desde un polo en dirección al opuesto (Yo soy, tan sólo uno de los dos polos; de esta historia, la mitad), es genial. De ser realidad todos los días y a todas horas, sería poesía.





