Siempre pasa. A todos lados a donde voy, el de las fotos soy yo. Paseos, fiestas, lo que sea. El mundo sabe que yo tomaré las fotos, que soy el de la cámara.
Antes (antes, antes) había quien me tomaba fotos a mi también. Era divertido. Me gustaban esos lados míos que yo no veo y que nunca me había conocido.
Pero eso ya no es. Acuérdense, soy “el de la cámara”. Y como tal, uno nunca está para salir en fotos, con el agravante de que cuando decido tomarme una, la verdad, salgo terrible. Ya no me encuentro el ángulo. No me gusto, pues. Tampoco me gustan las fotos grupales o las poses acartonadas. No sé.
Supongo que pido mucho para una simple foto.



(Sin calificaciones)




