Esta foto fue tomada hace unos días regresando de ir a chingarme unas quecas a las afueras de una estación del metro, me comí unas quecas de chicharrón prensado y de huitlacoche geniales, rascando los límites de lo sublime.
Comenzamos a ver relámpagos a lo lejos, apuramos la sabrosa ingesta para tener tiempo de regresar secos a casa, no fue así; la tormenta nos tomó por sorpresa casi al final de la “media hora de quecas” que teníamos estipulada en la agenda.
La lluvia arreciaba cada vez más y tomamos la divertida decisión de correr a casa en lugar de esperarnos sepa cuantas horas.
Así llegué ensopado pues aunque corríamos debajo de un techo a otro estaban cayendo gotas cubetazo size y al final ya era más pendejear que cubrirnos del agua.
Cuando llegamos a la entrada del edificio ya nos valía madres, pero estaba una vecina emputadísima porque su esposo la había dejado afuera “sin querer” porque se habia retrasado por unas bolsas del mandado y tenía media hora que no le abría.
La señora parecía rescatada del hundimiento del Titanic, le abrimos la puerta y entró como toro de rodeo.
En la vecindad se escucha todo lo que hablan las personas cuando lo hacen a un decibel más alto de lo normal; no escuchamos nada, estamos convencidos que el golpe fue uno solo, contuso y fatal.
Y la verdad es que no hemos visto a Don Olvidadizo ultimamente.



(Sin calificaciones)



