Archivo del 13 Agosto, 2007

13
Ago

Reacción

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Hoy me enfoco mucho en lo siguiente: las cosas no pasan nomás. Acción, Reacción. Es decir; no llueve sólo porque ‘pasa’, sino porque el agua se evapora y washa washa. Creo que puedo prevenir muchas cosas indeseables que pueden pasar. Y pasan porque efectivamente, no hago nada para evitar que pasen. Lo que escribo incluso ahora es una reacción a acontecimientos que me permiten tocar el tema de una manera que no había visto hasta hoy.

Hoy pienso en que puedo ser todavía más perceptivo a estos mensajes o señales y evitar cagarla en el futuro. Debo aprender a no ser tan soberbio diciendo “lo he visto todo”. Porque se me pueden escapar los pequeños detalles, como: no meter la pata con el coche cuando no hay necesidad de hacerlo. El cristal roto con el que miro unos días el camino no fue gratis, ¡ni pasó porque pasó! Todo fue a una reacción. Y como lo decían en una película, esta reacción lleva a otra, y a otra, y a otra… Así vamos haciendo la cadena que delimita nuestro camino en la vida.

Ahora, antes de que tengan una reacción en su camino, por favor sean más cuidadosos.

13
Ago

El primero de muchos…

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La arrogancia no es mi fuerte, pero, aunque en realidad no intento serlo, creo que con este titulo lo soy un poquito… Medio trovador, medio escritor y falso anarquista, solo intento retomar algo que, por causas del destino, deje atrás hace ya algunos meses… La historia de mi vida comienza 21 años, 2 mese, 19 días y varias horas (aunque esto esta sujeto a la publicación de este post), y en ella se han llevado a cabo las mas trágicas y felices batallas; que por alguna razón, por ahora reniego de que sean más las trágicas que las felices… Es fácil suponer, siendo yo el que escribe, que esto suena un tanto melancólico, pero… ¿Quién no lo es?
Hace ya mucho tiempo que no escribía nada, en realidad ayer le escribí una carta a mi novia pero no es igual… Y hoy vengo aquí con intenciones de que me publiquen aquí en un lugar al que no soy digno de pertenecer… Desertor, con razón o sin razón, con excusa o sin excusa, desertor al fin… Ex escritor, exblog-star, de cualquier manera que sea, ¡Porque supongo que debe de haber una! Me encuentro aquí, tratando de escribir, de recomenzar aquello que deje olvidado y que quisiera volver a encontrar…
Cuasi-Ingeniero de profesión, queriendo jugar al escritor y buscando un lugar para plasmar este post…

Continuará…

Autor: Juanito Jons

13
Ago

Pain-ados

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Recuerdo en mis queridos ochentas cuando el peinado se llamaba “breakdance”, snif, qué nostalgia.

13
Ago

Rou y Kleta:

Playa

Rou, todo pasa por algo y las cosas malas siempre traen algo bueno. Lo que pasó te ha hecho entender muchas cosas que antes pasabas por alto, toma eso y deja lo demás pasar; como dice el dicho: “no te lamentes por que ha terminado, sonríe por que fue posible”.

Kletova, yo creo que tú más que nadie, necesitas esa camota y esa sombrilla, que aunque te da meyo el azul turquesa y el mar, creeme que ahí, todo se olvida y es imposible no relajarse. ¡Mejórate y cuidate! Hay que echarle ganas a todo, lo se, y ese “todo” incluye echarle ganas al descanso también…

No tengo mecedoras, pero podemos echarnos en esa cosa y ver la vida pasar… ¿cuándo los recojo en el airport?

13
Ago

trabahobbie

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Comencemos por el principio. Hay cinco nociones básicas que permiten el correcto funcionamiento de la Humanidad®. La primera: cada generación va a ser más estúpida y más huevona, pero más exigente y temeraria que la anterior. La segunda: los orientales son mejores que los occidentales para todo excepto para ejercer la burla y para procrear, razón por la cual el mundo se parte a la mitad en donde deciden los de este lado. La tercera: nunca jamás confíes en un rockstar o en un calvo. La cuarta: siempre tendremos a Bruce Willis. Y la quinta, y más importante de todas: la maquinaria del mundo tiene botones de vital relevancia que siempre serán apretados por gente con corbata.

Supongo que fue siguiendo esa lógica que mi madre se compró la ilusión de que llegaría el día en el que yo, con pelusa facial y tres granos reventados la noche anterior frente al espejo, le pediría que me enseñara a hacer el nudo de una corbata. Un Windsor, un doble Windsor. No lo sé: a la fecha, mi madre conserva una mirada que grita a los cuatro vientos que, a su parecer, la importancia de una corbata no está determinada por la cantidad de vueltas en su nudo, y tengo la certeza de que, con todo y su inquebrantable fe en que yo comenzara a combinar colores y a aprender de memoria mi talla de cuello, su única esperanza real era que yo le encontrara alguna diversión al uso indiscriminado (e inútil) de un trozo de tela colgado del gaznate.

Pésima idea. Ya bien entrado en la adolescencia entendí que la corbata no era cool: en realidad, era (y disculparán el lugar común) el yugo de la clase ejecutiva; descubrí que era la insignia necesaria para oprimir botones, sí, pero, sobre todo, la manera más fácil y cruda de gritar al mundo: “¡hey, a mí no me culpen! ¡yo no puse las reglas!”.

El día que me convertí en escritor de brocha gorda, mi madre vio alguna película de ésas en las que se fantasea con el reportero de sombrero y gabardina, perdido entre los grandes edificios de Chicago o New York. Supuso que yo sería de esos. Lo que ella no sabía, ni entonces ni hoy, es que yo no soy reportero ni periodista: soy escritor, que es bien distinto. Yo no pregunto y cuento; yo observo, desarmo, y hago un desbarajuste atemporal con las rebabas y los hilos sueltos. A veces, relleno con yeso. Pero jamás pregunto algo que me es obviamente ficcionable. Por aquellos días, yo era guionista, y se sabe que, entre los escritores que encuentran un trabajo para comer (que son los menos, pero también los más siniestros), el guionista es el de más bajo calibre. No sólo no aparece jamás en su obra, sino que apenas alcanza a firmarla en un crédito que dura menos de un segundo en pantalla. Y eso le hace menospreciar del todo cualquier sentido del pudor. Corbata incluida.

Así que mi madre se obsesionó con la idea. Un día me regaló una corbata roja; otro, me confesó que no entendía el motivo de mis desvelos: después de todo, yo sólo era escritor. Nunca entendió que, en realidad, las corbatas pican los botones, pero los que no usan corbata son quienes los conectan con la bomba. Algo así.

Todo este rollo es sólo para decir que mi trabajo me hace muy feliz. No usar corbata es el principio de todo lo demás: es no usar cajas en la cabeza ni tener que sujetarme a reglas inútiles, ni tener que hacerme idiota en tiempos de ocio. Es hacer de mi hobbie mi trabajo, y viceversa. Si no, vean nomás la oficina, el jardín, y mis (no tan) flamantes Converse, mis jeans rotos. ¿Qué dónde trabajo? Pues qué les digo: mejor dénse una vuelta.