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Juro que no quiero caer en el lugar común de poner la rola de Bowie, hacerme el melancólico y pretxtualizar cualquier reunión y borrachera con el consabido “es que últimamente hay muchos cambios en mi vida”. Pero es cierto. Qué digo cierto: los cambios que mi vida ha experimentado en las últimas dos semanas (y en las dos por venir) son como un zape a deshoras.

No, no me espanto. No se trata de cambio de sexo, aunque sí. Me explico: no voy por la Jarocha®, ni corro a convertirme en Drag Queen, ni me empezaron a gustar los barbones. No. La cosa es que sí viene un cambio de sexo, porque, de tener un tristísimo promedio de ocupación mensual, ahora me enfrento con una variación definitiva que abre las puertas a una vida sexual plena, desenfrenada, envidiable. Me voy a vivir solo. Y eso, no me lo podrán negar, abre todas las puertas a las situaciones más sitcomeras ever. ¿Qué a la chica le da iki el motel? Ruy saca la llave de su depa y ya está. ¿Qué no hay a dónde llevar la fiesta? En casa hay botellas de Jack Daniel’s. ¿Qué la chica se va a sentir sucia? Bah: tenemos una, hasta dos regaderas. El sexo, prístino, correrá a invadir mis noches de soledad.

O no. Puede ser que otros cambios que también se han sucedido terminen por dar en el traste con todo. Porque, sí, depa nuevo, vida de soltero… con un consabido trabajo para sustentar esta nueva vida. Del nuevo trabajo puedo decir que está increíble; me gusta tanto, que no puedo pensar en otra cosa (que no sea la del párrafo anterior) que pudiera hacer con más gusto. Desde hace dos semanas soy Chilango (cuando-no-sigo-a-los-demás). Lo cual me consume harta energía y placer. Tanto, que no sé si me quede tiempo para ejercer el Placer™, if you know what I mean.

Por otra parte, soy ciego. Eso también implica un problema grave. Por que en dos semanas me opero. Adiós a las tristísimas dioptrías que han invadido mi vida. Adiós a la tiranía de las gafas. Pero, ¿qué pasa si, como Sansón, y a falta de cabello, se va con la pasta del armazón mi modjo, mi allure? No lo sé.

De ahí en fuera, nada. Nada que me estrese, pues. Por lo pronto, ya tengo el juego de llaves: sí, para mi nuevo depa; sí, también para mi nueva vida, para mis nuevos sexos o para mis nuevas imágenes inconclusas.

(No desesperen: próxima inauguración)