Paso mi tarjeta por el detector y no pasa a la primera. Este no será mi día…
No me queda más que correr antes que el pinche timbre de los cinco segundos haga que no ingrese al camión. Cuando pienso que ya la hice, siento cómo las puertas han agarrado mi pata izquierda, el chofer no se da cuenta y tengo que seguir en pose de estatua romana hasta la siguiente estación.
Me siento y al mirar por la ventana recuerdo a todos esos amores (no correspondidos) que han pasado por mi vida (a chingar), cuando de repente mi inspiración se ve interrumpida por el ruido espantoso de un chamaco del demonio que ríe como si le estuvieran pegando, chingando a su alrededor bajo la mirada consentida de su desobligada (y pinche) madre.
Sigo intentándome concentrar en mis depresiones cuando pasamos por Reforma y veo a los sólo para desesperadas, perdón, manifestantes de los 400 pueblos, bailando a ritmo de percusiones subversivas, cantando al unísono: “¡Esta noche cena Pancho!¡Esta noche cena Pancho!”
A mi adorado iPod nano azul se le ha acabado la batería. Quisiera algo de música de fondo en el transporte, algo que quite esas madres que aparecen en las pantallas del metrobus y que no captan la atención de nadie. Vamos, ni ambulantes hay con sus molestas bocinas colgantes como las hay en el sistema de transporte colectivo: cómo quisiera escuchar el CD con 181 temas del “Rock Alternativo” en mp3. =(
De repente doy vuelta y digo: “Madres! Ya me pasé de estación”. La reacción instintiva fue intentar salir del vagón para tomar el transporte que va hacia la dirección contraria. Para tal efecto empujé, golpeé y casi hasta violé para salir de ese mar de gente que quería entrar y me impedía salir.
Cuando salí me di cuenta de la horrible verdad: me había bajado en Insurgentes, única estación en la que te tienes que salir del metrobús para reingresar hacia la dirección opuesta. No tengo saldo en la tarjeta por lo que tendré que caminar, llegaré mas tarde de lo que había esperado…
No queda más que cantar el blues del metrobus. =’(
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Escuchando: Miguel Rios - El blues del autobus
vía FoxyTunes






Se siente de la chingada cuando ocurre eso, me cae de madres. Sobretodo cuando se le acaba al ipod o al pariente del ipod que tengas en tu poder, le quita la gracia al viaje, y esos niños latosos que quieres romperles el hocico son lo peor, porque no puedes, no sea que su pinche madre se vaya a enojar.