Me di cuenta que la ciudad y sus reglas me están tragando sin masticarme -y peor aún: sin cagarme- cuando miré correr una ardilla por un lado de la carretera. Tenía mucho de no tomarme un par de días libres fuera de este Laberinto del Fauno (entiéndase: mi ciudad) más pinche que la misma película, snif.
Me emocioné estúpidamente y hasta disminuí la velocidad y la señalé con el dedo para que mi acompañante pudiera también verla dar pequeños saltos entre las rocas y la maleza.
- ¿La viste?… ¡Mira, ahí va, ahí va!!! –y apunte de nuevo hacia donde trotaba el animalito.
Seguimos el trayecto hasta el municipio abandonado y desconocido escuchando música, pero uno no escucha buena música cuando trae mejor compañía. La música vale pito y hasta dan ganas de tirar el iPod (porque no era mío, jojojo) por la ventana para que no esté chingando ni interfiriendo con la plática intensa, cachonda o estúpida; pero plática al fin.
Pensé que tenía años de no ver una ardilla, de no observar otro ser vivo que no fuera un perro callejero, un gato descuartizado sobre el pavimento, un montón de ratas royendo las bolsas de basura del vecino o alguno de mis aburridos semejantes de dos patas. Pero de mis semejantes mejor ni hablar, pues cada vez se parecen más a los robots y se vuelven más inhumanos; por eso ellos no cuentan como seres vivos. No están vivos: están marchitos. No hay nada de milagro en eso. Hay más magia en un pequeño roedor que en el resto de la humanidad. Existe más magia en donde la gente se transporta en bicicleta y previenen una lluvia con sólo ver el comportamiento de las aves o las hormigas.
Muy pocas personas y lugares conservan el truco… Muy pocos. La cosa es saber dónde están y quiénes son. Y nunca revelar el truco… a menos que sea para una buena causa.







sssss con todo respeto Mr Guffo eso es lo que se comio?
Pos si si muy bien .
Saludos.
Estoy como tu pero a mi no me dejan poner las fotos
Saludos