Creo que ver tantas películas de Disney cuando era niño me hizo daño…
Hablando de películas todavía recuerdo ese bodrio llamado “El último gran héroe” cuando uno de los villanos llega al mundo real y dice: “En este mundo sí podemos ganar”, y como no, aquí los buenos pocas veces levantan las manos en señal de victoria en un mundo infestado de intereses, corrupción y otras mezquindades humanas no contempladas en tales relatos.
También le debo a esos pinches cuentos la imagen del mentado príncipe azul, ese que es todo bondad y arriesga hasta su vida por la persona amada, caballeroso, fiel y devoto de su amada princesa, capaz de las hazañas más increíbles para consumar lo que se presume que es amor. En pocas palabras, el hombre bueno que se queda con la chica.
Oh no, aquí no es así…
Aquí el gañán en turno tiene todas las de ganar, si es infiel se le da oportunidad, si no llama se le da enemil oportunidades, si no es caballeroso o detallista es un mero defecto, si es un patán es lindo; en cambio, ser un tipo bueno es símil de pendejo, o con oscuras intenciones, o demasiado bueno para ser verdad, es considerado tierno, detallista… vamos, un corazón con patas que casi casi puede ser tu hermano, menos ser considerado un hombre.
Así es, el mundo no estaba equivocado, sino yo…
De esta manera (tomando como ejemplo la foto del post) si esta historia fuera real, Gastón le hubiera bajado la vieja a la Bestia.
¿Lección de hoy? Good guys never win







