
[En el iTunes: A thousand kisses deep - Leonard Cohen]
Hay algo que nunca he entendido y estoy seguro que nunca entenderé, las mujeres.
Hace tiempo que no me puedo jactar de tener una buena relación, incluso de tener una en concreto. Es cierto y no me averguenzo de decirlo, soy muy enamoradizo y muy juguetón, igual se pudiera decir que soy ¿coqueto? (Por muy bizarro que sea un tipo de casi 30 años, con algunos kilos de mas coqueteando, creo que eso lo define bien.)
En parte tengo la culpa, ya que ultimamente me aburre y cansa el jugueteo o acoplamiento preliminar, la seducción primera, la manita sudada, las llamadas telefonicas a deshoras de la noche con su ya tan poco original cliche de -”Cuelga tu primero”- ó -”Yo te quiero mas”. No sin olvidar la tenebruda primera cita en la cual las barreras que interponemos convierten en esquirlas las mas afiladas preguntas o situaciones, solo se respira hipocresía, inseguridad y temor a ser juzgado entre otros aromas intensos que no agradan al ego.
Siempre trato de poner muy en claro esta posición e ir al grano, dejar de lado las preguntas tontas sobre gustos de música, comida, colores favoritos, política y la religión ni mencionarla, prefiero tratar a mi victimaria como si la conociera desde hace tiempo, comentar varios aspectos mas profundos de la persona en sí, sus motivaciones, sus expectativas y su caracter y abrirme a que me conozcan como en verdad soy, algo asi como “What you see is what you get”. El acoplamiento, la música, colores y demás gustos después entre la plática fluyen, se identifican y se memorizan mucho mejor.
A ver que pasa ahora, intento ser mas paciente y de aburrirme menos, estoy “haciéndole la ronda” a una chica que me cae super bien y que aparte tiene 6 años mas que yo, por tanto es mas fácil que sepa lo que quiere que una mocosa de dieciocho. Aunque para toda regla…




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