Todos postearon sus fotos de mocosos. Sin duda una bella manera de azotarse. Yo subo la mia al ritmo de Fugazi en vivo, tocando Full Disclosure y tratando de recordar si a esa edad tenía alguna idea más trascendental que cagarme en los pañales o chuparle los pezones a mi madre.
Estoy seguro que no imaginaba el gordito bonachón en el que me transformaría.
Tampoco imaginaba el mundanal de drogas que me metería, toda la mota que he fumado, la coca esnifeada, los acidos y jarabes de tos.
No imaginaba las esplendidas borracheras, las golpizas, los insultos.
Imposible imaginar todo el dinero que le robaría a mi padre o la indescriptible retahila de pendejadas discutidas y espetadas en plena rebeldía a mi madre.
Imposible imaginar la inefable fila de amores, de mujeres penetradas, amadas, besadas, lamidas, chupadas, rechazadas, engañadas, insultadas, e imposible imaginar que me sería muy dificil olvidarlas.
Difícil imaginar lo simple que se torna la vida, y como los afanes, lo sueños y las ambiciones son los verdaderos errores existenciales, y que lograr algo significa partirse la madre de una forma poco agradable.
Dificil concebir todos los errores horrorosos e inenarrables que cometería.
Imposible imaginar que veintitantos años después miraría a través de las ventanas de mi auto para convencerme que lo insoportable de la vida es precisamente su sencilla belleza y su inevitable e intrascendente devenir.
Sin duda somos niños muy poco tiempo. Quien piense esto también podrá recordar que pasaremos más tiempo muertos que vivos.
Vamos, reconozcamoslo: somos una estafa a nuestra infancia. El arte estriba en ser cínicos.








