Siempre me han acusado de tener poca concienca política y de ser apático frente a los acontecimientos sociales de mi país. Es cierto: Mientras al Peje lo sodomizaba el destino manifiesto de este país (el mismo que dicta que seremos perpetuamente un hato de jodidos), yo me acicalaba el ombligo escribiendo azotadeces, pseudoaforismos y casi llegué al extremo de componer haikus.
Para desgracia de mis detractores - que ya no son muchos y los que son tiene sobrepeso o son cuarentones - tengo en mi haber fotográfico pruebas de que alguna vez fumaba mo…perdón, luchaba por la democracia, era un revoltoso manteni…perdón, protestaba por el imperialismo, y defendí la libertad que muchos de mis camaradas utilizan gloriosamente para hacer piercings y tatuajes grotescos.
Y bueno, aunque siempre he creido digno de sudacas y maricones tanta pataleta globalifóbica y antiyanqui (entiendase por sudaca todo aquel que vive abajo de Sonora y supone que Estados Unidos es un tirano opresor), debo confesar que no hace mucho me investí de la rabia sudaquil y demostré a mi santito che “don asmas” guevara y a fidelito “no me vuelvo a tropezar” castro el revolucionario que llevo dentro (y que me provoca indigestión después de tomarme una coca cola, esas aguas negras del imperialismo yanqui). Venga las pruebas, pibe (imaginar acento sudaca):
Ahi aparezco. Empuño un paraguas semejante al que usaba Cortázar en sus andanzas parisinas. En mi rostro esta dibujada la pasión revolucionaria. El escenario: Edificios aledaños al zocalo chilango.
En efecto camaradas - ay que comunista soy -, es el Ratón Miguelito a quien ubico (imposible decirle Mickey Mouse so pena de ser acusado de malinchista y anglofíilico), y con mi camiseta de Modest Mouse he aparecido para darle una lección de humildad con mi paraguas cortazariano, snifle. Noten, por supuesto, la cara de terror de la doñita en primer plano frente a un acto puramente revolucionario, snifle (leer este “snifle” con acento sudaca).
Por supuesto mi lucha es vana. Yo, fiero revolucionario me aferro a derribar el ícono imperialista, y suponiendo que mis hermanos ciudadanos me apoyarían, pueden ver como me contemplan con apatía y franco valeverguismo. El guey de rojo forma parte de un complot, sin duda alguna, y Walt Disney le roló una feria y la promesa de ser congelado junto a él a cambio de traicionarme con su indiferencia antirevolucionaria.
¿Ahora comprenden por que renuncié a mis ideales? Aaaay, que tristeza…








