
Ayer me encontré con este globo en el límite de la Alameda Central, a un costado del máximo recinto mexicano de las artes.
Un escenario de plástico inflable que, seguramente será para algún artista de plástico igual de inflado, con voz de plástico inflada por una consola que reproduzca música de plástico inflada por el artificio de la mercadotecnia.
Al final comprendí que cada par con su cada cuál. Mientras que la solidez del edificio de atrás alberga manifestaciones artísticas igual de sólidas, afuera, este artefacto albergaría algo tan sólido como lo que lo sostiene por dentro: la nada… el vacío.





