Con eso de que cada día veo quién/qué quiero ser, el fin pasado me di cuenta de algo. No me quiero parecer a este señor…

…que así de la nada se note lo incómodo que está con su vida porque siempre hizo lo que “tenía que hacer”, que no vea cabida para errores y cuando éstos se den, se empeñe en corregirlos y borrar toda huella de ellos. Tal vez, ese anillo que trae solamente lo usa por el compromiso que se hizo de joven al creer que podría con todo y que no era cierto. Como tampoco creía que el grito de su papá, quien lo regañaba por lanzar la bola de boliche al canal, lo fuera también. Quien sabe y a lo mejor, la camisa a cuadros talla y media más grande se deba a la oficina con horario de 8 a 5 que tiene por políticas, los viernes, vestirse más relajado.
Argh.. no, simplemente no, ya no quiero seguir pensando en lo que quiero y lo que no… lo mejor sería sacar mi mecedora a la calle, sentarme en ella y ver la vida pasar…

Esa cara pongo cuando pienso en ese manjar en mi paladar.
Cuando vaya a Puebla, un día de estos, lo primero que haré… incluso antes de besar a mi mujer, es ir por unos tacos árabes a La Oriental. Creo, sin duda alguna, que de la comida rápida, grasosa y económica, los tacos árabes son lo mejor que se ha topado en mi camino. No sé si es el queso derretido, las especias que le ponen o el limoncito el que le da sabor… pero estoy seguro que podría alimentarme de ellos sin rechistar al menos una semanita entera. En el D.F. también hay tacos árabes, los de Don Eraki, pero salen carísimos. Cuando una quesadilla árabe en Puebla sale como en 20 varos (y la encuentras prácticamente en cada esquina)… en chilangoland salen como en 29 y son más chiquitos.
Mi mujer no los soporta. Cuando la solitaria empieza a rugir y mi limitrofiado gusto culinario susurra: “Tacos árabes”, pone una cara de asco y me refuta con un “Ni madres”. Supongo que es uno de nuestros primeros desacuerdos de pareja… una de esas cosas estúpidas y cotidianas. Esos pequeños detalles que nos definen.
En fin, se me antojaron, y puede que me de una vuelta a la Narvarte, aunque sea por unos Don Eraki. Así que los veo al ratón vaquero.
Así tomaba mis apuntes, ¿pa’ que chingados desperdiciar hojas?

Ya están las recetas!! x)

Hace casi cuatro años empezó este desmadrito llamado Big Blogger, producto de las mentes ociosas de un colectivo del que ya poco queda.
Hace casi cuatro años yo tenía 17 años.
TT ha traído hasta el presente los archivos de esas eras ya olvidadas por la blogocosa mexicana: la panza de Axel, los bailes de Fab, los tacones de Du, las greñas de TT…mi falta de barba y mi cara de niño.
“Veeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerga” fue lo único que pude decir al respecto.
(Léase este post con música de fondo “Mi vieja mula ya no es lo que era…”)

En mi vida Tijuanense jamás había tenido la necesidad de tomar colectivos, repito, necesidad, no soy mamón.
Ahora estoy haciendo un trabajo aquí y está algo lejos de mi casa, y tengo que tomar camión, me acuerdo de la Universidad y la preparatoria, seguramente servirá de entrenamiento para mi próxima experiencia en la gran ciudad capital.