
Siempre me ha emputado sobremanera la personalidad de mr. popularity de maese Semidios. Creo que es muy condescendiente con la estupidez de mucha gente y a veces lo considero muy tibio en cuanto a sus opiniones. Creo que solo le preocupa caer bien y se esmera con verse guaperrimo para la horda de viejas malcogidas y sin quehacer que deambulan los blogs y el internet. Personalmente no tengo afinidad con una personalidad así, y sin embargo, puedo afirmar lo siguiente:
Que Semidios no es, ni en poco, mucho de lo que ustedes creen que es. No es mr. nice guy, y aunque aparente cultivar un coolness que personalmente me parece mamón y pedante, es personalmente un hijo de puta divertido cuyo único defecto es decir chistes muy malos de vez en cuando. Es un tipazo noble, sencillo y con una energia contagiosa.
Me patea que IBeam sea un radical de izquierda, muchas veces maniqueista y determinista. Me emputan muchas veces sus comentarios misoginos y sexistas, su misantropia amarga y su testarudez incólume pero valiente.
Pero lo conozco, y veo en él un hombre con sentimientos e ideas profundas; una sensibilidad grandiosa y no superficial como la de muchos seudoartistas que merodean la blogósfera posteando poemitas y estados de animo ridículos y hormonales. IBeam es un cabrón con principios, y tiene lo que Bolaño, Valéry y Keats llamaban el irremediable espiritu de la poesia. He leido dos de sus novelas, y chamaquines, IBeam posee una vena poética que muy pocos podrían apreciar, y se bien que al decir esto lo estoy ofendiendo, pues a él le gustaria no tener absolutamente nada complicado o abstracto que ofrecer.
Y luego pienso en Armando Sámano, y como a veces me enferma su derechismo progresista, pues siempre he creido que sus ideas son únicamente producto de su estatus quo y que no hay nada intelectual en ellos. Pienso que su burguesía de recién llegado busca íconos donde identificarse, y contempla en innumerables espejos, muchos de los cuales yo desprecio profundamente, su identidad. A veces incluso, en mi más mal humor me repatea que presuma tanto a su hija, casi como si fuera un logro de lo que él no pudo ser.
Pero luego me gusta recordarlo en aquel Sanborns en la madrugada, hablando de Física conmigo. Me gusta pensar en él con su esposa y su hija, y como se sostiene de ambas para ser lo que es. Trato de imaginar como un hombre fundamentalmente bien intencionado ha tratado de entenderme y aceptarme como amigo. Y bueno, su capacidad de análisis, su incapacidad para autocompadecerse y sobre todo, su tremenda capacidad de regocijarse por su felicidad, por su hija inteligente y por su dulce esposa, me hacen sonreir cuando lo recuerdo.
Cuando pienso en estas contradicciones comprendo que no se nada absolutamente concreto de ellos. Pienso en mi amada K., pienso en mi madre, en mi gran amigo Pirer. Comprendo lo inpermanentes que son, y como mi cabecita intenta situarlos en algún rasero, para suavizar ese miedo absurdo que todos tenemos de lo que nos rodea.
Pienso en todas las equivocaciones que cometo al pensar en alguien, sin importar si son pensamientos amargos o dulces. Pienso en lo equivocado que es pensar en alguien incluso. Y luego me pierdo en muchas ideas inconexas hasta que descanso.
Y bueno, al ver la imagen anterior me acordé de muchas personas: Primero de K. por la bufanda, de Semidios por el puto cafecito, de IBeam por mi cara de enfado, de Sámano por lo cómodo que me sentía, de mi madre por la nieve que se ve caer y de Pirer, por esa sensación de detective salvaje que me acompaña cada vez que pienso en mis amigotes.
Je. Y estoy seguro que a más de uno le caigo mal por regodearme de todo lo anterior. No lo culpo. Pero ojalá pudiera sentir placer al sentirse así y sobre todo pulir sus métodos para manifestar sus sentimientos de encabronamiento. No tengo ni tiene nadie la culpa de su empute, claro, pero sobre todo, nadie es culpable ni se merece la falta de talento y gracia que expresan muchos al hacer oir la retahila de opiniones que arrojan al mundo.