En estos días de estupidos graffitis hip-hoperos siempre es reconfortante ver estupidos graffiti de la vieja escuela.
Ahora bien, nunca he entendido muy bien a los grafiteros (antes que nada, aclaro que con “grafiteros” me refiero a esos tarados que hacen rayas a lo pendejo, no a los verdaderos artistas que crean obras -que no entiendo pero sospecho que tienen algo de arte- con dedicación y esfuerzo) que andan dejando jeroglíficos incomprensibles por todos lados.
Voy a aventurarme a soltar una teoría sobre dichos imbeciles.
Todo aquel que anda taggeando (creo que ese es el termino) su nombre/apodo/clan/enfermedad venérea/alterego o lo que sea que signifiquen esos garabatos, lo hace buscando reconocimiento, como aquel clásico “Kilroy was here” (dato inútil: Asimov escribió un muy buen cuento cientificcioso sobre el origen de dicha frase). Al dejar su orín gariboleado en una barda, esta gritando: “Aquí estoy! soy alguien!”.
Nomás que dicha práctica tiene un fallo mortal: Nadie sabe quien es el que grita que es alguien.
Porque hay que ser estupido para escribir algo ilegible esperando que la gente lo lea.
Tan sencillo que seria rayar: “Ramiro López” o “Carlos Sánchez”. Así, cualquiera que leyera dicho rayón podría decir, con toda seguridad y confianza: “Ramiro López estuvo aquí, y Ramiro López es un imbecil”.
Porque de la manera que lo están haciendo solo lo entienden los otros idiotas como ellos, y, ¿Quien quiere ser reconocido por el mismo grupito al que pertenece? Sucede lo mismo que con los darkys, goths, metaleros, emos y demás fauna colectiva fabricada en serie. Un darky se viste así para que la gente que no es darky sepa que es darky, no para que sus amigos darkys, que ya saben que es darky, no se les olvide que es darky. Esos disfraces son solo para darse a conocer ante el mundo, no para cumplir una función interna entre su comunidad. Se que esto suena contradictorio, pero así es. Por ejemplo, yo nunca he visto que en la calle se encuentren dos darkys que no se conocen y se de una conversación así:
-Hola, oyes, ¿Eres darky?
-Si, ¿Tu también?
-Si, que bueno te que te conozco, me he sentido muy solo últimamente y me gustaría estar en compañía de alguien que se disfrace piense igual que yo.
-A mi también me da gusto, este mundo será un lugar mejor si estamos unidos.
Obviamente, la conversación no seria exactamente así; supongo que estaría llena de jerga darky (que afortunadamente desconozco) pero que sospecho esta llena de palabras como “Oscuridad” “dolor” “sufrimiento” “depresión” “amor” “odio” “ridículo” “lavativa” “alma” “Cepillin” y “Nívea”.
Repito, la búsqueda de una identidad culmina exitosamente con el reconocimiento ajeno, ergo, los grafiteros son unos idiotas que harían mejor en poner a su madre a gatas y rayarle las nalgas.
Yo.




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