
Esta mañana en su modorra, la almohada felpuda solo atinaba a mirar al vacío mientras yo daba vueltas en la recámara. Si alguien pudiera contar todo lo que hago a puertas cerradas es él. La mera verdad, no le tengo secretos.
Hoy tuve miedo cuando en la siesta de la tarde tuvo un espasmo repentino, no pudo mantenerse en pié y babeaba a chorros. Mañana le tocarán análisis… es extraño que sólo haya estado cuatro años conmigo y el primero casi llegué a detestarlo, tardamos mucho en acostumbrarnos el uno al otro hasta que le imploré llorando que tratara de ser menos malo conmigo. Extraño, creo que me entendió. A veces pienso que en su mirada hay mil palabras que no puede articular, pero que existen.
Me moriría si algo le sucede.





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