
No se imaginan el grito de fanática de boyband quinceañera que debí haber soltado cuando, al salir de la sala de cine, me topé con esto.
Creidísimo de que se trataba del mismísimo Yuya Ozeki (protagonista de las versiones en cine de Ju-on, aka The Grudge), me abalance hacia el lugar, para pedir su autógrafo, pero grande sería mi desilusión al encontrarme con que no sólo no se trataba de Ozeki-san, sino que tampoco se trataba de un material promocional de la más reciente entrega de la saga de Takeshi Shimizu; era más bien un huérfano alquilado al DIF por la compañía distribuidora de Kilómetro 31, para darle un plus a la campaña, según me comento.
Para aquellos que no hayan oído nada aún, Kilómetro 31 es la más reciente apuesta del cine mexicano al género del cine de horror; a decir verdad, me parece que es la primera en muchísimos años (Cronos es más fantasía, así que no cuenta). La compañía productora, Lemon Films, nos dio Matando Cabos, uno de los filmes más entretenidos que haya dado el cine mexicano en la presente década, así que vale la pena echarle un vistazo ahora que estrene en Febrero.
Salvo su mejor opinión, a mi me parece bastante chido que alguien finalmente se ponga a hacer cine en nuestro país sin intentar descubrir el hilo negro; no es que me oponga al cine de arte (a decir verdad me encanta), pero si más de nuestros cineastas se dedicarán a ser honestos consigo mismos en lugar de solo mantener su pose de “yo soy profundo, porque estudié en el CUEC”, quizá nuestra industria cinematográfica no seguiría esperando de alguien que la rescate.
Creo que me fui por otro lado distinto de lo que tenía planeado, pero esta bien. Le echaré la culpa a la falta de descanso de las últimas semanas y a que es de madrugada.
(Por cierto… Adivinen que Big-blogger se encuentra haciendo sus prácticas profesionales en una película animada! A huevoooo!!)