
El negocio de la soledad.
Antes se difundía únicamente en revisas y folletos especializados, hoy llega a las calles en forma de espectaculares, sin la leyenda legal obligada que te informe que es un servicio exclusivo para adultos. De los 35 ó 40 pesos que te cuesta el minuto, Telmex se cobra automáticamente el 40% por realizar el enlace.
En algún momento de mi vida trabajé como operador en una hotline-línea astrológica-consultorio sentimental-etc. Era una fantasía morbosa por saber qué ocurría detrás del teléfono, y aunque resultó un trabajo monótono me ayudó a confirmar de nueva cuenta que la verdad del mundo siempre tiene más de dos caras. Si piensas que están las viejas más buenas en lencería sentadas en un diván rojo, te equivocas; si piensas que están los sementales sacados de un cartel de Calvin Klein, estás muy lejos de la realidad; si piensas que está Walter Mercado o alguna adivina con su bola de cristal, cuelga de inmediato el teléfono, porque todo el personal está dedicado a atender cualquier tipo de servicio.
Escuché de todo: Amas de casa desesperadas por un hombre porque su marido diabético se la vive en los table dance; señoras en busca de un orgasmo porque hace 25 años sintieron el último; trabajadoras domésticas que llamaban (desde el teléfono de los patrones) para preguntar por algún filtro mágico para conquistar al chofer; hombres casados con la curiosidad de saber qué se siente darse espadazos con otro tipo, travestis preguntando la metodología, riesgos y eficacia de la operación de cambio de sexo (?).
La función del operador se resume a una palabra: CHORO para generar tiempo aire.
Lo divertido eran los matrimonios swinger que buscaban charlar con uno, dos y tres hombres a la vez para armar un gang bang, o tres, cuatro y hasta cinco chicas para hacer una orgía telefónica; ahí armábamos una red entre los cubículos, y entre jadeos y señas, íbamos coordinando las posturas sexuales más audaces; al final de la conversación cada operador –que nunca se movió de su asiento- volvía a lo suyo: una señora de 65 años con la voz más hot, a seguir tejiendo chambritas para su nieto, una chava de 90 kilos a leer el último chisme del TVyNovelas y un chavito menor de edad –que hacía voces de universitario junior y de teibolera austriaca- regresaba a su Game Boy.
La regla de oro: Usar pseudónimo y, nunca, por ningún motivo, citarse con un usuario afuera de la empresa.
Una vez, una señora dio con el domicilio del call center, resulta que su marido era clientazo de “Yadhira”, una “universitaria rubia de ojo gris”; la mujer rondó en la calle supuestamente para esperarla y cuando salió del edificio la primera rubia de ojo gris, la esposa furiosa le dio una arrastrada antológica por intentar robarle a su marido. La verdadera “Yadhira” miró todo desde una ventana, la rubia que recibió los madrazos era una ejecutiva de otra empresa que se alojaba en otro piso del inmueble.