
Hola amiguitos y amiguitas.
Hoy, mientras me daba un baño de pueblo en un mercado, miraba los pollos colgados de ganchos, olía el perfume de la manteca, tomaba fotos a gente bien curiosita y trocaba mercancía por espejitos, me puse a pensar en las tarjetas de crédito.
¿Alguna vez has recibido una de esas molestas llamadas de empleados de banco sin qué hacer, gentuza grosera y atrabancada que no te dejan ni hablar y se empeña en regalarte una mágica tarjeta de crédito con beneficios maravillosos? ¿Alguna vez les has dicho amablemente que no, que muchas gracias, que no te interesa y el monigote o monigota en cuestión no se calla el hocico y sigue hablando y hablando y habla de las virtudes con las que contaras si tienes esa tarjeta de crédito y te hace preguntas de que dónde trabajas, dónde vives, cuánto ganas, si en tu casa no hay alguien interesado en tener tarjeta de crédito y bla bla bla?
Sí, lo sé, todos hemos pasado por esta molesta e incómoda situación comparable sólo a fajarte bien pedo a una prima y topártela sobrio en la cena de navidad.
En estos casos no queda más remedio que colgarles a la verrrg el teléfono o poner otra vez bien peda a tu prima para volvértela a fajar; pero bueno, estamos hablando de la gente que habla para ofrecer tarjetas de crédito, no de armonía familiar.
Algunos de estos batitos y batitas ni colgándoles violentamente el fon entienden y llaman de nuevo para hostigar y, con un sarcasmo de los mil demonios, todavía te dicen: “Ay, creo que se le cortó la llamada, señor; le decía: esta tarjeta bla bla bla…”.
Ofenderlos, tampoco funciona, porque luego a uno le graban la voz y le graban su número y luego el gobierno y los raterrestres infiltrados conspiran contra uno y todo nos sale mal luego.
Decirles a estos babosos que eres menor de edad para que dejen de estar mamando la borrega, tampoco funciona porque te dicen que les pases a tus papás para ver si ellos quieren la tarjeta o que ya hay una tarjeta para chavitos modernos como tú. Si les dices que tus papás no están, te preguntan que a qué hora llegan o que dónde los pueden localizar. Tendrías que decirles que tus papás murieron y vives sólo, pero pues te preguntarían que cómo le haces para mantenerte sin una tarjeta de crédito. Total, no te puedes librar de su atosigamiento; son como garrapatas en los oídos: muy molestas y difíciles de quitar, lo digo como hijo de veterinario que soy, snif.
He aquí algunas fáciles soluciones para que los gutierritoz del banco que hacen eso, pues dejen de estar chingando y mejor se pongan a atender las largas y lentas filas que tienen todos los días y los pésimos servicios que brindan.
Ya he comprobado éstas técnica y funcionan muy bien.
Cuando alguien te hable para ofrecerte una tarjeta de crédito, diles:
- Ah, ahorita que no tengo trabajo me caería con madre una tarjeta de crédito de su banco, para así pagar todas las demás deudas de tarjetas de crédito que tengo… Sí, sí me interesa, señorita, ¿qué tengo qué hacer?…
- Ah, sí, como no, sí me interesa porque debo todo y no tengo con qué pagar y ya me andan metiendo al bote. Démela por 100 mil pesos de crédito, por favor…
En ese mismo instante la vieja engorrosa colgará el teléfono y no volverá a marcarte nunca.
Si no tienes los huevos para colgarles, no te podrás zafar de su discurso y, sin darte cuenta, en segundos estarás envuelto en su plática como ratoncito en anaconda. No podrás salir y te devorarán y te convencerán de que saques tu tarjeta de crédito. Para estas ocasiones, diles que sí te interesa, pero que si puedes poner datos falsos porque eres narcotraficante y no quieres que la policía se entere de tu identidad.
Puedes también ahuyentarlos haciéndoles preguntas como:
- ¿Y es fácil clonar esas tarjetas? Es que fíjese que las del otro banco son bien difíciles, ya le intenté una vez y…
- Oiga, y si hago un fraude, ¿qué tan rápido se darían cuenta ahí en su banco?
- Oiga, ¿y qué tan fácil es hacérmelos pendejos no pagándoles, destruyendo su tarjeta y sacando otra en otro banco? ¿A poco sí me cachan si hago eso?
O simplemente cuelguen el teléfono a la chingada y déjenlos hablando solos, como le hago yo, que soy un caballero.