
Ese día estuvo bien raro. Y el día siguiente también estuvo raro, pero triste.
Fuimos con mis papás a un lugar donde rehabilitan y salvan tortugas marinas. Casi todas estaban mochitas de alguna aleta, nomás tenían el muñoncito. Había una que sólo tenía una manita, ni moverse podía la pobre. Las otras tres se le habían mochado en una red o una trampa para moluscos, no recuerdo. La más grandota de todas era ésta de la foto, y nomás le faltaba una pata. Me quedé un buen rato viéndola porque de repente salía y como que se me quedaba viendo, jaja, y echaba agua, como que jugando. Total, dejamos un donativo en el lugar, salimos y fuimos a comprar no se qué a un súper y, lo primero que veo, es una niña sin la mitad de su brazo. ¡A la madre! Parecía una aletilla de tortuga. Estuve tentado a tomarle una foto pero me dio mierdencia. Le hice el comentario a la Fabi de lo de las tortugas y la niña y, pues, la coincidencia, y nomás puso cara de “Ah, sí es cierto, qué curioso”.
De regreso a Monterrey, al otro día, veníamos por una de las avenidas más transitadas de la ciudad. En eso, la Fabi grita, se tapa la boca, luego los ojos y empieza: “Nooo, nooo, wey… por qué… ¡Aaaay, noooo, qué horrooor!!!” y se pone a llorar bien gacho. Volteo a un lado y me saco un pedo: un perro grande, tipo pastor alemán, caminaba con las dos patas delanteras, la lengüilla de fuera y arrastrando el resto de su cuerpo ya todo destrozado en la orilla de la avenida. Me acuerdo y me da una sensación de la verguízima que me eriza el cuero. Pinche escena más cruel que las de gringos muertos en Vietnam o Irak. “¿Se va a morir,Guffo… se va a morir? “, me dijo la Fabi entre sollozos y un gesto espantoso de angustia. No sé qué pendejada le contesté. No supe cómo consolarla porque ni yo podía reponerme del shock.
Llegamos al depa de la Fabi y el perrito que me regaló, al que ni siquiera le tomé una foto y acababa de ponerle de nombre “Cucho”, murió. Fabi volvió a llorar y otra vez no supe ni cómo consolarla. Chale, ya ni porque mi papá es médico veterinario; si no los atropello, se los lleva la perrera o los mato accidentalmente, se mueren misteriosamente.
Está bien raro cuando me pasan estas cosas que parecen tener una extraña conexión. Coincidencias, señales, advertencias, mensajes… sepa la bola, pero cuando suceden, me la paso todo intrigado alucinando ovnis, sombras, voces del más allá… Y eso que no creo en esas jaladas.




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