Sirven para apendejar indios en épocas muy antiguas, para ponerlos en la punta del zapato y ver las panties de las nenas cuando estás en secundaria, para chingarte unas líneas, conseguir más mala suerte rompiéndolos, para colocarlos en el techo de tu cuarto y coger para ver como mueve el culo tu chica.
Y entre otras cosas, tienen la peculiaridad de que puedes ver hacia atrás viendo al frente.
Así estoy, como frente a un espejo, viendo hacía el frente, pero con mil cosas detrás que no quiero extrañar, que no quiero dejar de ver y que, he decidido alejar, por el bien de mi futuro, incluso de lo que ni siquiera es ya, mi presente.
A veces extraño mis botas tejanas. Creo que las traje puestas durante nueve años. Cada año las cambiaba y les sacaba jugo hasta exprimirlas a su máximo.
Fue un ortopedista el que me sugirió usarlas gracias a una bronca que tengo de metatarso caído.
Con mis botas tejanas caminé y caminé, luego corrí y corrí; salté, monté a caballo, crecí, bailé y di paso firme.
Era maravilloso cuando la gente me identificaba a lo lejos sólo por el sonido de ellas. Cuando me enojaba y había duela, bastaba con dar un taconazo para que el mundo callara, ni siquiera tenía que fruncir el ceño.
Cuando me secuestraron yo tenía puestas las botas de esta foto, a los tipos les gustaron más que yo, jeje. Se quedaron con ellas porque, entre otras cosas, tenía unos casquillos de plata muy chidos.
Unas botas tejanas siempre te van a exigir que camines como hombrecito, de lo contrario se activa un aditamento oculto que hace que te partas el hocico. Quien domina unas botas tejanas con tacón cubano del más pronunciado puede sentirse tocado por los dioses.
Las dejé de usar por recomendación de otro ortopedista, el que me reconstruyó mis rodillas después de un accidente que tuve; me dijo que usara zapatos por un buen rato.
Ya pasó un ratotote desde entonces. Me latería volverme a subir en unas.
Imaginen a un carnal bien chido, que vive haciendo lo que le gusta, que lo disfruta a mas no poder y que además le da para sobrevivir (y sobretomar)…
El, es laúd y esa foto es de cuando me fui a Cuernavaca, me la pasé con el todo el puente, y fue interesante, en la foto pueden ver (de izquierda a derecha) a Jesús (su guitarrista), a el y a Beto Tafoya otro trovero al cual no conocía, eran como las 3 de la mañana, después de haberme tragado un par de maruchans o antes, ya no me acuerdo bien…
La rola que les dejo aquí, se llama En el Exilio, es de su segundo disco que se llama El tiempo esta de mi lado…
Es muy extraño de repente dejar de hacer cosas que ya me eran cotidianas.
Ahora me pregunto con quien me pasare noches enteras diciendo naderias, o por el contrario, sonteniendo una charla profunda e interesante.
Miro a mi alrededor y ya no veo a ese compañero que me arrullaba dejandome dormida encima del teclado, a ese partidario de las apuestas (y necio, ahora que lo pienso) que sin exito intentaba ganarme. A ese fan de la musica que me ponia siempre las canciones mas horribles jamas escuchadas*
(suspiro)
Hoy me desperte con piernas y brazos doloridos despues de haber dormido doce horas seguidas. DOCE, cuando antes apenas podia dormia cinco.
Tuve pesadillas.
En momentos como este solo me viene a la mente el titulo de un libro que por años estuvo en casa de mis padres y que jamas lei: “Hace falta un muchacho”.
En momentos como estos creo que el duelo es insoportable.
Pelos y mas pelos, es lo que suelta esa cosa que aparece en la foto. Que tambien puede caer en la clasificación de electrodoméstico, por que cual aspiradora, absorbe todo lo que está en el suelo y se lo devora. Es también una manta térmica, por que ahora en tiempos de frio, solamente tienes que depositarte en el sillon de tu preferencia e inmediatamente arriba la manta a tu costado y solo tienes que esperar unos minutos para que el frio sea cosa del pasado.
Aunque pensandolo bien, otras de sus múltiples funciones es la de alarma anti vecinos chismosos, por que solamente basta que uno se ande asomando a la terraza, para que la maquinaria se active y comice su alarma acústica, que incordia a cualquiera.
Pero su función más increible es su ataque de gato de Shrek, por que con sus ojitos, cualquiera se deshace. Esa función la activamos cuando tenemos que ir a la xarcuteria, por que asi no hay carnicero que le niegue un huesito de jamon serrano.
Su mantenimiento es sencillo y solo requiere sesiones de apapachoterapia, además de un plato de croquetas con carnita.
A caso se nota que adoro a mi electrodomestico?
Bueno, los dejo que la alarma se ha activado y hay que irla a desactivar.
Bueno, tener la colección completa de cd´s de Sixpence None the Richer me hace muy-muy-muy FELIZ. Al fin pude conseguir todos los discos. Seguramente alguien dirá que la única canción que conocen de ellos es “kiss me” y a lo mejor el cover “don´t dreams it´s over”, pero también tienen otras canciones muy buenas… en fin… creo que es cuestion de gustos.
Hasta hace unos años -creo yo- San Antonio era muy socorrido por las mujeres “quedadas”, definición que a estas alturas de mi vida más de uno ya estaría aplicando a mí si es que yo hubiera vivido hace 60-50 años pero eso no es el tema de este post. Se supone que lo ponían de cabeza, se le rezaba y no se que otras cosas más para pedirle novio/esposo/concubino y no se devolvía a su posición original hasta no haber concedido el “milagro”.
Hace algunos años -haciendo memoria poco más de 10- leí un libro en el que mencionaban otro favor concedido por el arriba mencionado: recuperar las cosas perdidas. La mujer protagonista de ese libro cuenta que en su familia cuando algo se perdía se lo pedían al diablo quien supuestamente lo tomaba para jugar. Después de amarrar un pañuelo a la pata de un mueble y repetir tres veces la frase “Diablo, Diablo, juega y luego entrega” mágicamente aparecía, así que era cosa común en esa casa escuchar a alguien pidiéndole algo al diablo, hasta que una niñera -creo- francesa llegó a su casa y, asustada por la sola mención del diablo, introdujo a San Antonio como el indicado para esos favores diciendo Saint-Antoine de Padoue, trouvez-moi ce que j’ai perdu. Lo único que logró fue que los niños de la casa agregaran una frase más a las tres que dirigían al diablo. No sé por qué esa fue la parte que más se me quedó del libro.
El jueves perdí una cadena con dos dijes, hoy me di cuenta. La cadena era de plata igual que uno de los dijes, el otro era de madera/hueso y los usé prácticamente todos los días desde hace casi dos años. Realmente dudo mucho que quien lo haya encontrado obtenga mucho por ellos porque más que nada tenían valor sentimental. Yo sé que lo más probable es que nunca los vuelva a ver pero no pierdo la esperanza de que algún alma bondadosa responda honestamente cuando le pregunten si encontró algo.
Saint-Antoine de Padoue, trouvez-moi ce que j’ai perdu…