
Hace unos 10 años le soltaba un sermón en lenguas muertas a quien no ponía un pino navideño en su casa. Me escandalizaba y hasta sentía indignación.
Cada año la cuestión decembrina ha sido motivo de fiesta, reuniones, reven, antro, brindis, tiendas, agenda llena y una casa a la que le cuelgo un todo lo inimaginable para que se vea como casa navideña, bueno, ¡hasta tengo toallas de cocina navideñas! Sólo hace dos diciembres un luto me hizo suspenderla, no tenía ánimo, ganas y sí una tristeza muy grande. Aquella ocasión opté por irme a trabajar toda la noche a la oficina.
El año pasado, al igual que el resto, faltaba poco para que yo me saliera de mi casa para que cupiera toda la parafernalia que instalé. Recuerdo haber hecho una reunión con amigos donde la única iluminación provenía de unas 100 velas de todos los tamaños, instaladas por toda la estancia. La única luz eléctrica era la de los más de 500 focos blancos de mi árbol. Ha sido uno de los ambientes más cinematográficos que me ha tocado realizar y me sentí orgulloso porque gracias al fuego había una calidez fuera de serie y mis invitados se sintieron a sus anchas.
Este 2006, ni Grinch ni Santa Claus. Este año no festejo Navidad. Ni digo “fuchi” ni tampoco ¡yippy!”
Hasta este minuto ni yo mismo sé por qué. Hace pocos meses tenía planes super chidos para festejar y todo, sin embargo llegó diciembre y se esfumó el duende de la inspiración y la creatividad; no colgué ni una canica roja. No me siento depre, no estoy triste ni entro en las estadísticas anuales de suicidas navideños. Al contrario, me siento fuerte y cool, pero nada más. No puedo pretextar nada a mi favor ni en contra. Sólo me nace festejar y agradecer de manera auténtica las muestras de cariño de dos o tres personas que adoro porque sé que vienen desde adentro.
Salgo a la calle y veo todo el ambiente, la muchedumbre vuelta loca, pero ni siquiera estoy en plan anarquista o mordaz para criticar o censurar actitudes o eventos. “Están festejando que viene Navidad… Pss chido”. Lo único que me ha latido es el enorme árbol que pone Plaza Satélite; aún así cuando le tomé la foto pensé, “otros años lo he visto más majestuoso”.
Para mí el mes ha pasado como cualquier mayo, junio o agosto, no tengo esa sensación típica de que se está terminando el año.
Cuando entré a Big Blogger pensé, “¡Wow! Me va a tocar ahí la Navidad!”, hasta había pensando en un post así culturoso de cómo fue que Coca-Cola instituyó a nivel mundial la imagen física que conocemos actualmente de Santa Claus. Pero al llegar a este día ni siquiera puedo desearles Feliz Navidad porque la neta no sería algo auténtico y no creo que quieran leer a un Usuario X así todo hipócrita, ¿verdad?
Hoy tenía que ir a la tintorería por el pantalón que me pondré en la noche y lo olvidé por no tener presente la cena, así que ya me chingué. En sí, estoy obligado a ir a casa de mi tía por mera formalidad, será como ir al cumpleaños de algún familiar.
A ver qué ocurre el año entrante.