
Diría Juanga que no tiene dinero ni nada qué dar, que lo único que tiene es amor para dar… las nachas. Yo tenía dinero, pero me lo gasté todo bien gastado, y ahora nomás tengo amor para dar y un dibujillo mafufo que hice a manera de tarjeta navideña para regalársela a tanto hermano blogguero que tengo -y no tengo- el gusto -y susto- de conocer y así desearles lo que se desea estas fechas y un poquito más.
Y a manera de chisme les cuento que La Fabi me regaló un perro y al principio me encabroné. Bueno, no tuve tacto para decir las cosas, ya saben cómo somos los hombres de pendejos con las viejas. Le dije que era una responsabilidad muy grande, que primero me hubiera preguntado si quería un perro, que hace poco la perrera municipal se había llevado a mi perra por no tener ni el espacio ni el tiempo adecuado para atenderla, que se me hacía un regalo ilógico porque si quisiera un perro, ya lo hubira tenido, pues mi papá es veterinario, etc, etc… Obviamente quedé como el ogro inhumano y despiadado come niños que piensan que soy cuando digo que no me quiero casar ni tener hijos. Pero, al saber por todo lo que pasó la Fabi aveturera para conseguir al animalito y verle la cara al pinche perrillo, snif, mi corazón se desmoronó como galleta salada.
Ay, amá: soy más bueno que el niñito Jesús y la Fabi más buena que Alejandra Guzmán… digo, que la Virgen de Caguamalupe
Saludos a todos y que la pasen de lujo comiendo, bebiendo, cantando, rezando o cualquiera que sea su onda para celebrar la navidad.










