
Me preguntó la doctora que cuánto tiempo teníamos sin vernos.
- Poco más de cuatro meses, lo mido en el tiempo que llevo sin tomar alcohol.
- Qué rápido pasa el tiempo… ¿no tomaste nada en ese tiempo?
- Ni una sola gota, ni siquiera en los descansos de la medicina. Nada
- Pues creo que ya es hora de levantar el castigo.
Pinche sonrisota se me dibujó en la cara. Ya le había dicho a Jany que si la doctora me daba de alta la iba a llevar al Red Pub a que nos tomáramos una cerveza para celebrar. Desde que salimos del consultorio se me hacía agua la boca. Cuatro meses y diez días sin tomar cheve… ahora a unos minutos de romper con un récord que no creo igualar jamás. Llegamos y yo ya sabía qué iba a pedir, Paulaner Oktoberfest, una delicia; Jany pidió una michelada clara y esperé, ansioso en verdad a que las trajeran. Cuando la ví, sentí sin tocarla lo helada que estaba: desde la nuca hasta la espalda, el hielo de la emoción. La tomé y le dí el primer trago con los ojos cerrados… Oh my fuckin’ god… el gas en la garganta, el sabor amargo que queda cuando el líquido va dejando poco a poco la boca, el frío por dentro y el gas que quiere salir después del primer trago.
Jamás en mi vida había probado una cerveza tan deliciosa como esa que me tomé hace rato…
¡¡Salú!!





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