
Esta fila de coches ya no es novedad en las ciudades. “El tráfico”. Ya ni siquiera es un pretexto para llegar tarde, pero ni siquiera te importa que ella haya llegado tarde de nuevo porque siempre lo hace. Y te acostumbras.
Lees en un libro (que ni valió la pena leer) que “ya nos acostumbramos a acostumbrarnos…” Y es verdad. Hay un punto en que para no volverte loco, te tienes que resignar a las cosas cotidianas. Es tu manera de supervivencia moderna.
Hoy hasta al dolor por no cuidarte los dientes te acostumbras. Te están saliendo las muelas del juicio, anoche eran las dos de la mañana y no podías dormir por el dolor. Tomaste un Advil, y dormiste las últimas dos horas antes de levantarte a las cinco. Ocho horas después te vuelve a doler… pero en media hora más ya te has acostumbrado a la sensación: estar en una plática, hablar por teléfono, usar la computadora, café, café… En fin.
Ya ni sabes si sigue doliendo o ya te acostumbraste al dolor molar. Quisieras ser de esos que anulan el dolor con la mente. O tal vez, por acostumbrarte a todo, ya estás a un paso más allá de ellos.
Ahora vas de regreso, y en vez de fastidiarte durante la media hora que pasa mientras recorres unos cien metros, enciendes la radio y escuchas… “¡Nuevo! ¡Mejor que nunca! ¡Pruébalo ya!”.
Hasta a lo nuevo ya te acostumbraste.

Pinche Ciudad de México!!!! Juro, juro que hay días en que la odio con odio jarocho, con su fucking trafico, su maldita gente mal encarada, la atascada contaminación [ yo y mis pupilentes sufriiimooossss!!!! ] odio amanecer con dolor de cabeza y acostarme con el mismo, solo que un poco mas intenso . . . lo atascado del metro y la pinche gente intransigente . . .
Ando en mood fucking, todo me molesta o en el paupérrimo de los casos me deprime y lloro [ hoy llegue a grados de patetismo inimaginables, chilloteando mientras caminaba sobre reforma. . .
No se que coños me pasa, o bueno si se, pero digamos que no esta en mis manos solucionarlo tajantemente, me receto tiempo . . .
Y sí, ya lo se, la ciudad no tiene la culpa [ en realidad la amo ] pero hay días en los que se empeña por sacarme de mis casillas.
pd. La foto . . . en París [ aquí cabe aclarar que cuando la veo no se si sentirme bien o encabronarme mas, bah! como sea, lo paseado ya nadie me lo quita ]
soundtrack del día . . . J’traine des pieds · Olivia Ruiz

Dejé de comprar aparatos de videojuegos después del primer Nintendo que salió. Antes, tuve el Intellivisión 2 y después, el Game Boy. Ese fue el último que tuve y ni siquiera era el de color. Ah, también tuve un reloj de pulsera con un juego de carritos de carreras y calculadora, pero ese no cuenta como consola de videojuegos.
No tuve ni Sega, ni Nintendo 64, ni Play Station ni, mucho menos, XBox; se me hacen aparatos obsoletos comparados a jugar beisbol con un bote de Pepsi y medio palo de escoba.
Y, como ustedes sabrán, yo soy un hombre que va siempre a la vanguardia y que compra lo más “in” que hay en el mercado… pero en el mercado de abastos.
Esta es mi nueva consola para jugar. ¿Está bien chida, no? Cuando quieran les juego unas retas.
Gears of War, Doom 3 y Halo son inocentes juegos de niños en comparación con el ¡¡¡Laberinto de la Muerte!!!
Uuuuuuyyy, hasta a mí me dio miedo el tono en que lo dije.

La idea de ir al zoológico puede resultar divertida, emocionante…. o también aburrida… A mi me emocionaba la idea… primero me lancé al zoológico de Las Vegas… y mi experiencia fue aburriiiiiiiiiidaaaaaaaa… Había puras pinches gallinas y zopilotes…
El otro día nos topamos con un zoológico en OLD NEVADA (un parque temático-pueblo fantasma)… había conejos obesos y demás cosas… Había jaulas y todo, pero los animales andaban corriendo libremente… ¿miedo? SI, no me gusta que estos animales anden libres y que me puedan patear o escupir… En resúmen, los zoológicos son apestosos… prefiero ver a los animales en la television…

Sirven para apendejar indios en épocas muy antiguas, para ponerlos en la punta del zapato y ver las panties de las nenas cuando estás en secundaria, para chingarte unas líneas, conseguir más mala suerte rompiéndolos, para colocarlos en el techo de tu cuarto y coger para ver como mueve el culo tu chica.
Y entre otras cosas, tienen la peculiaridad de que puedes ver hacia atrás viendo al frente.
Así estoy, como frente a un espejo, viendo hacía el frente, pero con mil cosas detrás que no quiero extrañar, que no quiero dejar de ver y que, he decidido alejar, por el bien de mi futuro, incluso de lo que ni siquiera es ya, mi presente.

A veces extraño mis botas tejanas. Creo que las traje puestas durante nueve años. Cada año las cambiaba y les sacaba jugo hasta exprimirlas a su máximo.
Fue un ortopedista el que me sugirió usarlas gracias a una bronca que tengo de metatarso caído.
Con mis botas tejanas caminé y caminé, luego corrí y corrí; salté, monté a caballo, crecí, bailé y di paso firme.
Era maravilloso cuando la gente me identificaba a lo lejos sólo por el sonido de ellas. Cuando me enojaba y había duela, bastaba con dar un taconazo para que el mundo callara, ni siquiera tenía que fruncir el ceño.
Cuando me secuestraron yo tenía puestas las botas de esta foto, a los tipos les gustaron más que yo, jeje. Se quedaron con ellas porque, entre otras cosas, tenía unos casquillos de plata muy chidos.
Unas botas tejanas siempre te van a exigir que camines como hombrecito, de lo contrario se activa un aditamento oculto que hace que te partas el hocico. Quien domina unas botas tejanas con tacón cubano del más pronunciado puede sentirse tocado por los dioses.
Las dejé de usar por recomendación de otro ortopedista, el que me reconstruyó mis rodillas después de un accidente que tuve; me dijo que usara zapatos por un buen rato.
Ya pasó un ratotote desde entonces. Me latería volverme a subir en unas.