
O: Valencia.
(The Decemberists, O Valencia!.mp3)
La historia es la misma de siempre.
Ella, Laura, era la hija menor de la familia, tenía 17 años, facciones finas, ojos grandes y un trasero inolvidable, perdonará usted mi franqueza. Él, Benajmín, era un chico de 20 años, alto como una palmera, un poco pálido y bastante robusto; alguien le puso el apodo de “El Big Ben” y desde entonces todos lo conocían por ese mote. Se conocieron un día en L’Umbracle de la Cuidad de las Artes y las Ciencias y quedaron prendados ahí mismo, sin remedio. Quién sabe quién los habrá presentado, pero quien sea que haya sido o no sabía u omitió mencionarles que sus familias eran viejísimas y eternas rivales del negocio de la paella.
La paella no es cosa sencilla ni simple, si me permite un pequeño paréntesis. Su origen se ha perdido con los siglos y por ello existen tantas formas de prepararla como cocineros en el mundo; sin embargo la rencilla entre las familias de Laura y el Big Ben iba más allá de una simple diferencia entre la cantidad de caracoles en la preparación, tenía que ver con engaños, traiciones y robos que se remontan a la época de Isabel II (de España, claro, no la del Reino Unido).
Ya se puede usted imaginar lo que aconteció después: no tardaron mucho en enterarse de quién era el otro, pero para entonces ya no les importaba nada más que su amor. Se pusieron de acuerdo para encontrarse una noche en el mismo lugar donde se habían conocido y escapar juntos. Se irían en el coche de él dejándolo todo atrás, sobre todo la paella que no le gustaba a ninguno.
Pero justo la noche que eligieron escapar el hermano de Laura la siguió hasta que la vio encontrarse con el Big Ben. Aún sin poder creer la traición, llamó a su padre y él, a su vez, a toda la familia de ella para confrontarlos. Al ver su amor amenazado, el Big Ben llamó a su familia y ambos bandos se encontraron frente a frente dentro de la blanca estructura, entre naranjos, palmeras y madreselvas. En medio de la gresca que se originó, de pronto se escuchó un disparo y el Big Ben se descubrió a sí mismo tratando de hallarle sentido al charco de sangre en el suelo que salía del pecho de Laura.
Después del funeral, el Big Ben desapareció. Nadie lo volvió a ver nunca. Lo último que se supo fue que juró cobrar su venganza con fuego. Se dice que ha cumplido su promesa, puesto que hoy los restaurantes de paella de ambas familias ya no existen: un día la paella empezó a quemárseles, no importando qué hicieran para evitarlo, y la gente dejó de ir, condenando así a los negocios a la quiebra irremediable.




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mm no no estuvo buena tu historia
Nunca había visto tantos fusiles en tan pocos párrafos, no intentes reinventar, crea.
Moe: Ok, pero si no das razones…
Kman: Tal vez deberías decirle eso a Luigi da Porto (http://en.wikipedia.org/wiki/Luigi_da_Porto),
no mames.
Pensé que era tuyo, sorry…
Y a ese wey no tengo manera de decirle nada, así que nomás a ti por poner su texto, jejeje
Kman: No mames wey, no lees nada, nada. Te decía que le reclamaras a él que fue el primero que se robó la historia de Romeo y Julieta antes de que Shakespeare, a su vez, se la robara a él y así, ad infinitum.
pobre bato sin talento …
¿Eh? Ah, creo que oí el amargo ruido de un troll geek y aburrido.
por la misma razon que no me gusta la chupitos :D
Moe: Yo no hablo con nadie que sepa quién es “la chupitos” y que además la haya visto las suficientes veces como para saber qué es lo que no le gusta de quien quiera que ella sea.
ayy y yo esperaba que fueramos amigos!!!!