
Hace ya 548 días que la invité a soportar mis estupideces, aun lo recuerdo como si hubiera sido hace 18 meses, yo, protegiendome de la lluvia y el viento, formando un hueco, uno muy pequeño entre mis brazos para que ella pudiera acurrucarse, olvidarse del frío y dejarse llevar por ese instante… curiosamente, ella era la medida perfecta para aquel espacio vacío, que al parecer había estado esperando con ansias su llegada…
Hoy, estamos juntos, y a pesar de peleas, gritos, discusiones y demás, hemos logrado seguir caminando de la mano, casi todo se nos olvida después de realizar ese mágico ritual en el que ella se deposita dentro de mis pequeños brazos…
La rola, es de Edgar Oceransky, se llama Un Beso Grande…





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