
El fin de semana me dedique a pintar mi casa. Para pintar la sala, tuve que quitar las cortinas del ventanal que da directo a la reja de la calle.
Mientras esperaba que secara la primera mano, me puse a tirar hueva en internet. A eso del medio día llegaron a tocar a la reja unas señoras pertenecientes a ese famoso grupo cómico musical mejor conocido como Los testigos de Jehová.
Obviamente, nunca paso por mi cabeza levantarme a abrirles. Así que lo que siguió se convirtió en una competencia entre ellas y yo.
Ellas competían tocando la reja mientras me veían perfectamente por la ventana sentado en la mesa frente a la computadora y yo competía sentado en la mesa frente a la computadora haciendo como que no estaban ahí.
Yo gane.
De hecho estoy casi convencido que la forma en que las ignore fue tan demoledora y convincente que simplemente las hice desaparecer de esta realidad, mandándolas a un universo paralelo en donde aun siguen tocando la reja.
Todo lo anterior me hizo recordar con horror que se acercaba Halloween, y con ello, la molesta costumbre que tienen los niños de salir en las noches a importunar gente pidiendo “su calaverita”.
(Antes de que empiecen a atacarme diciendo “Ash, seguro tu también salías a pedir calaverita, no te hagas guey”, déjenme aclarar que yo desde niño era tan cabron y respetado que eran los vecinos los que iban a tocar a mi casa a ofrecerme “mi calaverita”. Así de cabron era desde chiquillo.)
Como ya no me daba tiempo de envenenar dulces y poner ratoneras en cajas de galletas, pensé en otra manera de evitar tan molesta costumbre. Lo de los Testículos de Jehová me dio una idea sencilla, económica y sobre todo, respetuosa de mis creencias religiosas:

(Mi religión me prohíbe levantarme del sillón cada 5 minutos para abrirle la puerta a un montón de mocosos pedinches pintarrajeados como drag queens heroinómanos.)
Fue tal el éxito de dicha medida (solo tocaron dos veces, y en ambas ocasiones regañe y mande a los niños a leer la Biblia) que no dude en extenderla y adaptarla para diferentes necesidades (léase molestias):



Pero pensándolo bien, creo que sustituiré todas las anteriores por una más directa y contundente:

Yo.