
Esta es una de las últimas vistas que tuve, antes de cruzar el charco.
No se que me paso en esos últimos días, que me entro una nostalgía inmensa. Yo creo que muy en el fondo, sospechaba que ya no iba a ver al Df con aires cotidianos y me puse cual turista a visitar los sitios que me lo hicieran recordar.
Me puse unas guarapedas en Garibaldi, cantando con los mariachis, pidiendoles que volvieran a cantar las golondrinas una y otra vez. Anduve de paseo por el centro y fui al metro pino suarez, para dejarme llevar por el mar de gente. Estuve en el zocalo, y encontre que el asta bandera huele a meados. Entre a la catedral para ver el gran pendulo que dice que esa cosa esta de lado y hasta me percate de un pequeño temblor, cuando ese mismo pendulo comenzo a moverse oscilatoriamente. Al salir, me compre un pequeño monedero tejido que me costo “die peso”. Le tome fotos a la maqueta del templo mayor, que esta dentro del metro Zocalo. Le hable a un cuate y nos quedamos de ver en coyoacan, para ir por unos esquites y rematar con un chocolatito del jarocho y con unos cigarros pacifico. Terminamos sentados en una de las tantas banquitas, viendo pasar a la gente y arreglando el mundo.
Al otro dia, agarre los patines y me fui al lago de chapultepec a darle vueltas y para aplacar mi sed, me tome un jugo bonafina. YA que estaba por ahi, me lance al museo de antropologia y me empape de nuevo en nuestra historia. Saliendo de ahi, me hicieron ojitos unas hamburguesas con quesito oaxaca y me la pase con un jarrito de tamarindo. Para regresar a casa, di mil vueltas entre ejes viales y distribuidores, todo para sentirme por ultima vez, inmersa en esa voragine de carros.
Remate mi nostalgia con un atracón de chiles en nogada que me hizo mi mama y que no menos de 5 me comi en esos dias.
Y todas esas vistas, olores y sabores, siguen en mi memoria, tan vigentes como el que estoy aqui.
Creo que sin querer, me despedi de todo eso, por que yo sabia que no iba a volver.





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