
20 años hace que estaba buscando una preparatoria y cuando se cruzó esta fachada en mi camino, de inmediato dije, “ahí quiero estar”.
Del IMM me conquistaron sus torres y sus muros de piedra. Sabía que detrás de esas enigmáticas rejas y murallas iba a encontrar algo completamente inusual. No sabía si para bien o para mal, pero sí algo distinto a cualquier preparatoria de aspecto ordinario. Más me convencí que ahí debía pertenecer cuando leí los folletos con los planes de estudio y los atractivos extras con los que te seducen para que te inscribas, como lo era el hecho de tener un uniforme con corbata y enterarme que se trataba de un plantel fundado en 1874.
Lo mismo ocurre a veces con la gente que vas conociendo en el camino de tu vida. Te conquista su aspecto exterior, su reputación, su prestigio y también una serie de extras que te dejan deslumbrado como el propio Sol.
Una vez que estuve adentro de aquel colegio me di cuenta que estaba en un castillo de calabozos y dragones. Eran los años 80 y usaba el cabello muy new wave. Un día se me ocurrió llegar con corte de casquete militar y… de inmediato emergió del piso una de las terribles brujas mayores del castillo para interrumpir una clase e invertir una hora de su perverso tiempo en dar al grupo una exposición de lo que era la esquizofrenia, usando como material de estudio mi cabello. Jamás nadie me explicó qué bronca tenía ese maligno ser en mi contra. Fue la primera vez que supe lo que era la censura en su máxima expresión.
Lo mismo ocurre a veces con la gente que vas conociendo en el camino de tu vida. Te conquista su aspecto exterior, su reputación, su prestigio y también una serie de extras que te dejan deslumbrado como el propio Sol. No obstante, un día te la pasas echando el coto chidito y en el mejor de los planes con esa gente. Pero al día siguiente te dicen, “no puedes ser mi amigo, porque mis amigos no son como tú”. Y del mismo modo, no te explicas por qué has sido censurado.
Una vez que la terrible bruja mayor desapareció en la atmósfera, el profesor de Ética, que presenció con el ojo cuadrado todo el numerazo durante su hora de clase interrumpida, me invitó a su oficina para decirme que sabía perfectamente que, lo que me restara de vida, yo no iba a olvidar el sicodélico juicio inquisitorio, “aún con lo que haya dicho ella, vas a dejar tu huella y tu nombre para siempre en este colegio”. El profe movió unas palancas, consiguió un subsidio y un permiso con la dirección general del plantel y puso en mis manos varias brochas, pinceles y un mundo de pinturas. En la punta de la torre central de la foto hay un salón y adentro, en sus paredes, hay un par de murales pintados con las mismas manos que están escribiendo este post. Uno es un Calendario Azteca y el otro ilustra a unos hombres en taparrabos presenciando el hallazgo del águila parada sobre un nopal y devorando una serpiente sobre un lago. Hasta la fecha, la bruja sigue habitando aquel castillo, y seguramente debe entrar de vez en vez a aquella torre e indudablemente su mirada se cruza con aquellas imágenes y mi presencia se materializa en su cabeza, y si es un poquito inteligente, sabrá que el tema que evocan esos murales tienen que ver con orígenes, con identidad y con las bases de una manera de cultura establecida que ella y yo podemos traducir de mil maneras. Nunca olvidaré aquella lección de vida del teacher Clemente, porque lejos de empacar un rencor en mis maletas, me fui de ese lugar con una satisfacción positiva.
Lo mismo ocurre a veces con la gente que vas conociendo en el camino de tu vida. Te conquista su aspecto exterior, su reputación, su prestigio y también una serie de extras que te dejan deslumbrado como el propio Sol. No obstante, un día te la pasas echando el coto chidito y en el mejor de los planes con esa gente. Pero al día siguiente te dicen, “no puedes ser mi amigo, porque mis amigos no son como tú”. Y del mismo modo, no te explicas por qué has sido censurado. Pero de alguna u otra forma, ya sé que quedaré materializado en su mente para siempre, a través de algún indicio que haya dejado en algún rincón de sus torres y que le haga recordar quién soy o quién fui en el breve instante que me crucé por su camino, de una manera positiva.






usté me deslumbra como el propio Sol ^^ jojojo
Usuario X:
XD
Eso es lo más importante, dejar huella en las personas y en todo aquello que hacemos. Es curioso como habemos alumnos que nunca somos olvidados por los profesores y a su vez, hay profesores que nunca olvidamos por buena o mala onda.
Tu paso por la vida de todas esas personas, aún cuando algunas te censuren se debe a algo, todo en esta vida pasa por algo. Me gustó tu post. (jo, no se notó verdad? )
Usuario X:
Sí, claro. Por algo será, pero es más propio que te hagan saber los por qués, y al final los sabré entender.
:O me hiciste recordar al profe de mate de la prepa que 2años despues de haberme desaparecido sin decir adios, seguia preguntando por mi..hasta que fui a saludarlo x)y eso de la censura…lo hizo la profe de Quimica, durante su clase no me dejaba acercarme a mis amigos porque todo mi grupito era de hombres y decia que daba “mal aspecto” de mi persona… igual, sigue saludandome cuando nos encontramos :|
Usuario X:
Cuando tomé esta foto pensé en tomar fotos a los murales; desafortunadamente era domingo y el velador no me iba dejar entrar. Ya regresaré algún día y veré qué ocurre cuando me vea face to face con la terrible bruja.
Es la que esta en coyoacan?
Usuario X:
Nop. Este colegio está en la ciudad de Puebla.
Chale, no puedo creer que ya hayan pasado 6 años desde que pisé por última vez mi preparatoria.
Ahora ya no existe, la compró la UVM jejeje.
Chale… aún no puedo creer que hayan pasado ya seis años desde que dejé la prepa.
Muy buen post carnal =).