
Miércoles. El día me agarra despierto. La tesis y varios trabajos retrasados me mantenían así. Entre tanto, le daba un ojazo a dos ventanas del messenger. En una estaba ella, despidiéndose por que se iba a su viaje mágico y misterioso. Me da la 1:30, creo que casi las 2. Lo apago todo, nos hablamos rápidamente y nos vamos a dormir.
Suena el despertador a las 6:30. La rutina de diario con algunas variantes. Salgo de casa, y en vez de ir a la escuela enfilo hacia una primaria en donde estoy haciendo prácticas. Voy, me reporto y pido permiso de retirarme temprano por que a las 9 empezaba mi congreso de análisis del discurso. Y ahí voy, cruzando la ciudad y llegando a tiempo para las conferencias, las ponencias y demás asuntos triviales. A las 11:30, más o menos, su primer mensaje, ya lejos de aquí. Tranquilo.
Se suceden las horas y sigo en un auditorio. A eso de las 2 de la tarde entra una llamada a mi celular. Hijo…acaban de hablar de Aguascalientes…
Mi Tío Adán, mi muy querido Tío Adán, había fallecido.
No pude decir mucho en ese momento. Decidí irme a la casa en ese preciso instante, ya luego habría tiempo de conferencias y demás surrealismos. Le avisé a ella que tendría que salir a Aguascalientes, y en su silencio me demostró su apoyo. Ahí voy a casa. Al llegar todo era lágrimas silenciosas y rostros desencajados. Los abracé a todos. Había que tomar decisiones, yo, sobretodo. ¿Ir o no ir? Ni madres, no está en duda, nunca estuvo en duda, yo quería ir a Aguascalientes a despedirme de mi tío. Y así fue, pero lo haría hasta la noche, después de mi congreso, finalmente hay camiones cada hora.
Volví al congreso y a los auditorios. Participé en pláticas cliché sobre clima, política y discurso. Lo de diario. Estaba ahí pero no estaba. Seguía sin creer que mi tío había muerto. “Ver para creer”, me decía. Se acabó por fin todo a eso de las 9 de la noche y salí corriendo hacia la central camionera, esperando encontrar un camión pronto.
A las 10 llegué a la central con mi ropa de todo el día, con ojeras ya visibles y mucho cansancio encima. Todavía traía puesto el gafette del congreso. Tuve que estrenar mi flamante tarjeta de débito por que no traía efectivo para comprar el boleto del camión. $173 en Omnibús de México, saliendo a las 10:15. Tenía 10 minutos para echar una última llamada y encontrar algo para cenar que no le callera mal a mi estómago. Le hablé a Jules para avisarle que ya estaba por treparme al camión y todo eso. Me pidió que me cuidara, que comiera bien y que le mandara un mensaje en cuanto llegara. Creo que cumplí con todo. También le hablé a mi madre, ella ya estaba en Aguascalientes. Mismas recomendaciones. Me compré una torta insipida, un jugo de cajita y dos aspirinas para cenar. El dolor de cabeza me estaba matando.
Arriba, ya por fin en el camión, me costó trabajo encontrar mi lugar. Estaba incómodo, me asaltaban imágenes del pasado. Me aflojé los zapatos y el cinturón. El camión arranca, el iPod con él. La Carretera de Antonio Vega abre el viaje. Calla, duerme, piensa…queda mucho por andar. Todo lo hice, menos dormir. No pude. La canción, como siempre, me llevó a pensar en muchas cosas. Y esa fue la primera. A lo largo de las tres horas de viaje las canciones se fueron sucediendo. A algunas les ponía atención, a otras no. Miraba a través de la ventana el paisaje. Tomé algunas fotos, dos a la Luna. Estaba casi llena, hermosa. Pensar, pensar, pensar.
Juaves. A la 1:15 exactamente el camión llegó a la central de Aguascalientes. Una vez abajo, le mandé el prometido mensaje a ella. Hice algo de tiempo, no quería llegar a la funeraria. Me senté en una banqueta afuera de la central. Hacia frío y la Luna estaba hermosa, brillante. Única. Al rato, ella me contesta. Ánimo bebé, me levanto y tomo un taxi.
El camino transcurrió en silencio.
Llegué, subí unas escaleras y ahí estaban. Tías, tíos, primos, algunos sobrinos y mis padres. Saludé a todos, repartí abrazos, besos y pésames. También estaba el féretro que contenía el cuerpo de mi Tío Adán. No me acerqué en ese momento, tenía miedo. Me acordaba de cuando mi abuela Julita había muerto (Julita y Adán eran hermanos) y la vi ya en su féretro. Era una imagen que me acosaba, y me sigue acosando. Me senté en un rincón a platicar en voz baja. Conforme la madrugada fue pasando, el frío fue aumentando, aunque adentro privaba un ambiente ya más festivo y cálido. Chistes, bromas, albures y anécdotas chistosas, no sólo del muerto, sino de todos. A las 6 de la mañana mi madre y yo regresamos a estirar las piernas al cuarto de hotel que ya habían rentado. 40 minutos que supieron a gloria. No dormí, pero cambiar de posición tras casi 24 horas en pie fue fenomenal. Me iba a quedar a la misa, que sería a las 9 en la misma funeraria, pero aun no tenía lista mi ponencia ni el power point que presentaría en el congreso. El plan original era regresarme temprano, antes que mi familia, para estar a tiempo para mi ponencia, pero no contaba con mi ya tradicional desidia.
Volví temprano a la funeraria, a eso de las 8:30, para despedirme y volver a dar el pésame. Ahí estaba mi Tía Petra, la viuda, muy querida también. Ella no estuvo en la madrugada. Estaba deshecha. La abracé, sentí sus manos fragiles y huesudas en mis brazos. Seguí despidiéndome de toda la parentela. Bajé acompañado de mi madre y mi padre, que me llevaría a la central. Abracé a mi mamá, le dije que yo le echaba un grito en cuanto llegara y me solté a llorar. Ya no podía contenerlo. Me sequé las lágrimas, traté de actuar natural y seguí.
9 de la mañana. Ya estaba en la central. Buscando la salida más próxima a Guadalajara me topé que casi todas eran hasta las 11 de la mañana. Empezaba a preocuparme. Por fin encontré una hasta las 10:15, otra vez en Omnibús. Seguí buscando, pero esta vez algo para desayunar. Moría de hambre. Em Aguascalientes las gorditas son alimento básico, así que me comí dos. Deliciosas. 10:15, al camión. Esta vez viajé más cómodo, no pude dormir, pero bueno, ya no iba todo torcido. No recuerdo con que canción empecé el viaje de vuelta. La verdad es que no venía poniendo atención. Fueron otras tres horas de venir clavado en el horizonte. Lloraba en ratos, y luego recordaba cosas y alcanzaba a sonerir. Así todo el camino.
Llegué a Guadalajara y tomé un taxi que me cobró la absurda cantidad de 80 pesos desde la central hasta mi casa. Abrí la puerta corriendo, ya eran casi las 2 de la tarde. Boté las llaves, el iPod y la mochile para meterme a bañar rápido. Después el power point. Horrible, lo llené de letras. No me dio tiempo de hacer mis cuadros y mis diagramas. Recibí su llamada, preguntándome como estaba y todo eso. Me pidió que descansara, que durmiera algo antes de mi presentación. No había manera. Comí algo rápido y ahí voy, a las 3 y tantos de la tarde, de vuelta al congreso.
Al llegar descubrí que no tenía ganas de nada. Me senté un momento en una banca afuera del auditorio a esperar mi turno, en lo que llegó Blanca, una compañera de la facultad. Platicamos de cualquier cosa, y cuando llegó la hora de mi ponencia, entró y sirvió de fotógrafa del evento.
Yo era el segundo ponente de la tarde, pero la primera nunca llegó, entonces se tuvo que recorrer mi participación. El auditorio estaba llenísimo: 10 personas, sin contar a la gente de organización y los ponentes. Y ahí voy.
Quisiera dedicar esta ponencia a la memoria de Don Adán Torres Plascencia, fallecido ayer a la edad de 83 años en la ciudad de Aguascalientes…
Presentación, representación. Concepto de imaginario. Definición de variables. Muestra. Codificación. Análisis discursivo. Establecimiento de paradigmas interpretativos. Conclusiones preliminares. Referencias conceptuales. Conocimiento del sentido común. Lebenswelt. Weber. Beriain. Moscovici. Vasilachis. Krippendorff. Conclusiones finales. Gracias por su atención. Aplausos.
¿Alguien tiene alguna pregunta? y que comienza la masacre.
Un supuesto lingüista se encargó de dinamitar y cuestionar por completo mis argumentos. Todos y cada uno. Hasta se metió con mi formación profesional, claro, se nota que eres sociólogo… diciéndolo como si esto fuera la lepra. Me devuelven el micrófono. De por si no estaba de humor para hacer nada, y luego con esos truenos, menos. No sabía si estaba enojado, fastidiado, cansado o triste. Traté de contestar, de manera muy errática, todas sus preguntas y cuestionamientos. No pude, me bloquée y de manera violenta di por terminada mi intervención.
Al salir del auditorio mi porra me felicitó y me defendió. Blanca, Paulinita quien llegó a media ponencia, Adriana y otra chica que ahora no recuerdo su nombre. Me levantaron el ánimo. Ya no entré a la conferencia de cierre, preferí quedarme afuera platicando de cualquier cosa. Me dolía la mente, si es que tal cosa es posible. Entre tanto, hablé con ella. Le conté de mi desafortunada intervención. Me echó porras ella también. Paulinita me invitaba a cenar, pero yo ya estaba demasiado cansado. Volví a casa. Eran las 9 de la noche.
Al llegar ya estaba mi familia aquí. Ya habían cremado a mi tío y habían depositado sus cenizas en el templo. Cenamos algo y vine a la PC. Tenía que checar mi correo y hacer muchas cosas. Quería escribir este post, inclusive. No pude. El sueño finalmente me estaba venciendo. Agustín me mandó a dormir y le hice caso. Ya en cama, volví a poner el iPod en lo que ella me daba las buenas noches al teléfono. Colgué. Estaba por apagar la luz y el iPod cuando una última canción me asaltó. When you’re gone de The Cramberries. La dejé hasta que terminara. Eran las 00:18 ya del viernes. Lo apagué todo, me quedé dormido. Se acaba un día, uno que me había durado casi 48 horas.