
En lo personal, me siento más cómodo con el pelo largo. Esa vez de la foto ha sido de las veces que más largo lo he tenido: hoy me acordé de esos días de abundancia capilar, y aunque me gusta más largo, me siento agusto con el pelo corto. No soy guapo, pero mi novia y varias personas dicen que me veo mejor así. No creo que me lo vuelva a dejar crecer en algún tiempo: el trabajo, los calores recurrentes y el “ya ser grande” (refiriéndome a que ya no digo que quiero ser algo cuando sea grande, pues ya soy lo que soy), me “obligan” a mantener una imagen acorde a mi rol como ente económicamente activo: ya soy un pinchi licenciado pues y si ando de greñudo y fodongo, los clientes y proveedores, en mi caso, no me tomarían con seriedad. Si hubiera tenido que hacer una tesis, seguramente la hubiera hecho sobre La Imagen Corporativa y la poca importancia que debiera tener el aspecto con relación al desempeño profesional. Pero no, pelo corto para mí por un rato más.
A veces si extraño esa mata, larga y negra que me caracterizó en los años de universidad (suena como hubiera sido hace un chingo) y quisiera dejarla crecer de nuevo.






