Lo interesante acerca de la vida es que puedes abrir una puerta, dar la vuelta en una esquina o asistir a una fiesta, y tu vida ya no será la misma. Hace casi 7 años, yo abrí -literalmente- una puerta. Era la del Circuito de Radio y Televisión de la que en aquél entonces era mi universidad, el Infierno Tecnológico Autónomo de México (el ITAM).
Adentro del CRTV me encontré a la mejor y más divertida selección de personajes que, por azares del destino, habían caído en las garras del sistema y no les quedaba de otra más que buscar una válvula de escape para sacar expresiones que fueran más creativas que una regresión econométrica o un prorrateo contable.
Al abrir aquella puerta, nunca pensé en todo lo que eso desataría. Y, por supuesto, jamás pensé que la relación con aquellas personas que se me quedaron viendo llegaría a ser tan importante como lo es ahora. En las épocas doradas del CRTV, aquellas que ayudé a forjar, el “Consejo” estaba conformado por Erick Landa como director general, Luis Daniel Ferreiro como tesorero, Raúl Márquez como director de operaciones y aquí su servilleta como director de relaciones públicas (wtf!).
Juntos logramos que nuestra estación de radio universitaria (en una universidad donde no se imparten Ciencias de la Comunicación ni ninguna carrera similar) fuera tomada en serio como un medio de comunicación más. No sólo mejoramos los contenidos en radio y televisión que se transmitían en la universidad sino que también realizamos entrevistas con personajes relevantes de la vida política y cultural en México, hicimos conciertos, premieres (en el ITAM se estrenó sin centura el video ‘Rastamandita‘ de Molotov con la presencia de la banda), showcases y coberturas especiales.
Gracias al CRTV entré al mundo de la radio profesional. Claro, también gracias al CRTV terminé mi carrera con año y medio de retraso… No era nada raro llegar a clase de siete, darte una vuelta por el CRTV y no entrar ni a tu clase de siete, ni a la de ocho y media, diez, una ni cuatro; había veces en las que entrabas en el Circuito a las siete de la mañana y salías a las siete de la noche sin haber pisado ni un sólo salón de clases en todo el día. La tentación era demasiado grande; no sólo tenías una excelente conversación con personas que compartían tu gusto por la música, sino que también tenías teléfono abierto, Sky, internet, lockers (sólo para el “Consejo”), sillones de piel, diez mil mp3’s en la computadora y hasta ventilador. Sí, debo admitir que todas las comodidades extras surgieron a partir de que nuestra entrada al Circuito. Digo, en algo se tenían que gastar los 30 mil pesos al semestre que nos daba la universidad como presupuesto, ¿no?
En la foto estamos, de izquierda a derecha: yo, Esteban, Raúl, Luis Daniel y Erick. La foto es de la boda de nuestro ex-director de operaciones, Raúl, que fue este pasado sábado en Cuernavaca. Él es el primero de aquel dream-team que se casa.
Lo interesante acerca de la vida es que puedes abrir una puerta, dar la vuelta en una esquina o asistir a una fiesta, y tu vida ya no será la misma. No sabes si un día de estos terminarás bailando y bebiendo en la boda de una de aquellas personas que se te quedó viendo cuando abriste aquella puerta.




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¿Podría usted decirme quien firmo el cartelón del BullDog café que está en su cabina?, saludillos.
Wow, tienes toda la razón, la gente querida muchas veces llega de maneras que nunca imaginaste. Saludos Salvachava…
Qué onda con las guayaberas?????, no tolero esa regresión echeverrista, de verdad no la tolero!
me ganó Armando, a que se debe que usen guayaberas?
Cuando las bodas son en lugares cálidos como Cuernavaca o Acapulco, las invitaciones indican un “Formal Guayabera”, que implica pantalón y zapatos de vestir y guayabera.
Y las bodas en Cuerna y Aca están muy (MUY) de moda.