
¿Te acuerdas de esta foto? Sí, ya sé que es una foto que no te gusta y tal vez te encabrones porque la publiqué; pero ¿te acuerdas?
Íbamos en el tren de regreso al pueblito donde estábamos durmiendo.
Acabábamos de salir de un coffee shop en Amsterdam: la primer vez que comimos unos “space” brownies y nos tomamos unos chocolates calientes con hachis. La primera vez que viajamos tan lejos y que estuvimos tanto tiempo juntos.
¿Te acuerdas que los otros culones del grupo se salieron asustados del lugar porque olía a mecate quemado y prefirieron irse a los museos y a cosas “más interesantes” y que tú y yo nos quedamos ahí?
¿Te acuerdas de ese efecto tan chingón y divertido que nos produjo esa madre y que llegamos a un puesto de tulipanes y pensamos que estabamos adentro de un arcoiris?
Pues bueno, ese efecto efervescente de mirar todo en cámara lenta, de que el tiempo pasa lento y se disfruta cada micra, de que todo te cause risa, de que todo te cause placer, de que todo lo que necesitas y quieres es lo que tienes en ese instante… Pues bueno, eso lo vengo sintiendo yo desde hace cinco años, desde que te conocí en aquella fiesta en el rancho de no sé quién.
Cinco años de conocernos, así es como llevamos la cuenta y así es como celebramos nuestros aniversarios, porque nunca te dije -y te pido perdón- que fuéramos novios; pero fue porque ambos dejamos que las cosas fluyeran a como se fueran dando y a como las fuéramos sintiendo. Y ya vez. Seguimos juntos y me sigues produciendo ese mismo efecto tan chingón de disfrutar el tiempo, de que todo me dé risa, de que todo me parezca divis divis, color melón y maravilloso; y de que quiero seguir estando en donde estoy por mucho tiempo más.
Que no se nos termine ese efecto.
No tengo qué decirtelo, pero te lo digo y te lo reafirmo. Te amo. Cinco pinches letras que resumen cinco grandes años.
P.D. Pinche cara de pacheca que traes, baby, juarjuar.





