
No, no crean que es un milagro y esta imagen en blanco y negro es un extreme close up que muestra mi cabellera en crecimiento gracias al shampoo Cre-C.
Tampoco crean que soy un culturoso porque, ay, vi un árbol seco y dije: “Le voy a tomar una foto en blanco y negro para que se vea más artística y la gente piense que soy un artista incomprendido que quiere decir muchas cosas con una imagen de naturaleza muerta”. No.
Simplemente el cielo estaba nublado y centelleaba muy bonito. Las ramas -como manos huesudas- crepitaban con el viento que anunciaba un aguacero. Olía delicioso: a lo que nunca huele la ciudad en un día sin brisa y en un día que no sea otoño. Imaginé que, a falta de rascacielos, una mano gigante iba a bajar de una nube gorda, agarraría ese árbol y se rascaría la espalda. Entiéndase por “espalda del cielo” a esa parte de donde salen luces y rugidos y quejidos. Imaginé los frágiles troncos arañando y rompiendo esa cubierta de algodón gris… Y así fue que empezó a llover.




(22 votos, calificación promedio: 4.59 de 5)
Es muy dificil no fantasear con la escena de un avión estrellándose en la pared azul. Tan dificil como que la escena sí ocurra. Por muy grande que sea Chilangia, las cosas, las que sean que no sean piratas o de “humor involuntario” no ocurren aquí, sino en las otras ciudades, las metrópolis mundiales.




