
In my darkest hour I called her name,
and I felt her love bringing me down to earth,
for a time I felt, I roamed the earth
like a golem, a myth or an abandoned machine
Foto: 365 days – día 03.
No es que tenga algo que decir, después de todo, no perseguí rateros o me estrellé contra un muro de contención (algo así como la historia que narró el guffo en su blog. No tengo un hijo a quien presumir, como Armando, ni tampoco me sentí agobiado por las banderitas de las estrellas y rayas, como logovo. No soy, de ninguna manera, una diva postmodernista super requete baby y mamona, como Plaqueta, o bien, una cabroncita cuyos amigos son gays –porque los gays son mas chulos y divertidos–, como Sardina. Je, y no se diga, no soy como el chango100, tener los huevos para observar y criticar un ambiente tan agresivo y con la fortaleza intelectual para que me caguen mis propias opiniones, pero así eyacularlas de cualquier manera. Ah, y por supuesto, tampoco soy como salaverga, cuyo momento más crítico del día es si un negro le pide un cigarro que no trae y que se gasta 600 dólares por una chaqueta con smog. No soy Salvador Leal, para ir a visitar al Semidiós, no soy Semidiós, para ser el anfitrión de Salvador Leal y para tener un comentario breve y conciso (como una práctica saludable, para todo aquel que quiera ser publicista), acerca de mi vida diaria.
El Huevo, ni que se diga el Huevo, yo jamás he llegado a los 122 comentarios en un post tan sólo por picar orgullos, levantando el propio, a ver cuál pendejo cae.
No señor, no soy ninguno de ellos y me agrado como soy, para siquiera intentarlo. Puedo permitir que me comparen, después de todo, la gente estúpida y con pocas referencias en su vida, lo primero que hace es comparar con lo más sencillo que le venga a la mente. La gente un poco más educada, antes de comparar con uno, tiene una serie de referencias para construir a una persona. Se da cuenta que no sólo su formación o su manera de expresar proviene de un lugar, sino de muchísimos. No es que nadie pueda ser original, nadie lo es, a todos ya nos inventaron de alguna manera y lo único que podemos hacer, es movernos dinámicamente en esas referencias para darnos la ilusión de parecer menos comunes de lo que realmente somos.
Así puedo declararme, tranquilamente, un hombre común y lo único que tengo, como hombre común que soy, es una mirada hastiada para el cielo y rezar, un poco sarcástico, una oración porque Dios me tenga en su lista cuando mi hora más oscura, y que si mi rostro se llena de luz, será por algún juego del sol o por la misericordia divina, pensaré que sólo es un efecto dramático y simplón, que lo único que me permite es sacar una fotografía para publicarla y decirles…
–Hola.