
Cada vez que usas tu tarjeta, saben dónde estás. Cada vez que hablas por teléfono celular, eres fácil de localizar. Estás ligago a diez números; en la escuela, en el trabajo, en la federación. Y cada movimiento tuyo es registrado. No tienes dónde esconderte.
Sin embargo, los que nos vigilan, no pueden evitar, al mismo tiempo, ser vigilado.
Y aquí pude comprobarlo:
Observé al vegetal que nos vigila. Su tendencia a ser práctico, a no emitir casi juicios de valor, a obtener el resumen del resumen del último comentario. Una indignación hacia la sátira de guionistas cínicos contra una inocente animación. Fanero del héroe de Nacozari. Viajero en la ciudad de los Ángeles. Al vigilarnos, te vigilamos, y ahora, ante nosotros, puede que seas más vulnerable.
Pero hoy, no estoy aquí para retarte con preguntas tontas, ni a reclamarte por discusiones bizantinas acerca de panaderas y paneras. Estoy aquí para agradecerte por este medio de expresión, que se abrió paso en la decadencia de mi publicación en este mundo sobreinformado.
Gracias por esta oportunidad. La disfruté muchísimo.
Y sí, a modo de amenaza, me voy despidiendo diciendo:
Nos estaremos viendo…






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